DELINCUENCIA Y PSICOANÁLISIS

DELINCUENCIA Y PSICOANÁLISIS

Los delincuentes por sentimiento de culpa inconsciente

La labor analítica nos ha mostrado que actos delictivos han sido cometidos, precisamente, por hallarse prohibidos y porque a su ejecución se enlazaba, para su autor, un alivio psíquico. El sujeto sufría de un penoso sentimiento de culpabilidad, de origen desconocido, y una vez cometida una falta concreta sentía mitigada la presión del mismo. El sentimiento de culpabilidad quedaba así, por lo menos, adherido a algo tangible.

El sentimiento de culpabilidad existía antes del delito y no procedía de él, siendo, por el contrario, el delito el que procedía del sentimiento de culpabilidad.

¿De dónde procede el oscuro sentimiento de culpabilidad?

El asesinato del padre y el incesto con la madre son los dos magnos delitos de los hombres, los únicos perseguidos y condenados como tales en las sociedades primitivas. Precisamente la fuente de donde la Humanidad extrajo su conciencia, que hoy se manifiesta como una potencia psíquica heredada, habría sido el complejo de Edipo.

En los niños podemos observar directamente que «son malos» para provocar el castigo, y una vez obtenido éste, se muestran tranquilos y contentos.

De los delincuentes adultos hemos de restar, desde luego, todos aquellos que cometen delitos sin sentimiento de culpabilidad, aquellos que no han desarrollado inhibiciones morales o creen justificada su conducta por su lucha contra la sociedad. Pero en la mayoría de los demás delincuentes encontramos tal sentimiento inconsciente de culpabilidad como precipitante del acto delictivo.

Después del complejo de castración el sentimiento de culpabilidad es inconsciente, sólo sabemos por sus efectos, así decimos que hay actos delictivos por sentimiento de culpabilidad, que hay enfermedades cuya fuente es el sentimiento de culpabilidad, que si el sujeto no sabe arreglárselas con la culpa acabará identificado como enfermo, como delincuente, como drogadicto, viéndose conducido a esa condena.

El malestar del sujeto no proviene de la cultura sino del sentimiento de culpabilidad.

El sentimiento de culpabilidad inconsciente se expresa como necesidad inconsciente de castigo. Freud sitúa este sentimiento como efecto de la relación del yo con el superyó, aumentando la culpa cuanto más exclusiva sea la relación con el superyó, estableciéndose una relación erótica entre un yo en posición masoquista y un superyó en posición sádica.

El superyó es el heredero de las identificaciones a los padres después de haber sido elegidos como objetos amorosos, antes la autoridad exterior era el amor de los padres ahora esa autoridad es el superyó. Antes hacía todo para que sus padres le amaran o por miedo a que le dejaran de amar, ahora le pasa lo mismo pero frente al superyó, estableciendo una relación erótica con el superyó.

El SUPERYÓ es una instancia psíquica, pertenece a la estructuración del psiquismo humano.

La CONCIENCIA MORAL es una función del superyó. No es consciente. Trabaja a favor de la represión y por tanto de aquellos contenidos inconscientes, que son totalmente ajenos al yo.

El SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD donde la severidad del superyó equivale al rigor de la conciencia moral.

La NECESIDAD DE CASTIGO: manifestaciones del masoquismo del yo bajo las influencias del superyó, establecimiento de un vínculo amoroso del yo con el superyó.

La culpa que transcurre inconscientemente, es culpa edípica, es decir, está en relación a los contenidos inconscientes del goce con la madre y el asesinato del padre. El yo siente culpa por su total incomunicación con el ello, con lo reprimido y por el contrario, por su gran comunicación con el super-yo.

El sentimiento de culpabilidad consciente existe antes que el superyó, y en consecuencia, antes que la conciencia moral. Podemos decir que esta culpa consciente es la experiencia directa del temor ante la autoridad exterior, su inhibición engendra la agresividad.

El REMORDIMIENTO: reacción especial del sentimiento de culpabilidad. Es en sí mismo un castigo, y puede abarcar toda la necesidad de castigo.

El sentimiento de culpabilidad puede proceder de un acto de violencia efectivamente realizado como de uno simplemente intencionado, pero mientras el sentimiento de culpa emanado del remordimiento por la mala acción, siempre es consciente, el intencionado, el derivado de un impulso nocivo permanece inconsciente.

Cuando un impulso pulsional cae bajo represión, sus elementos libidinales se transforman en síntomas y sus componentes agresivos en sentimiento de culpabilidad. El síntoma es en primer lugar un castigo, algo se satisface ahí, su fuente es el sentimiento de culpabilidad inconsciente, el sujeto ahora está enfermo pero se encuentra satisfecho: ya no tiene culpa.

Freud nos habla de varios tipos de carácter, descubiertos en la labor analítica y se refiere, por ejemplo, a los «delincuentes por sentimiento de culpabilidad», haciendo referencia a aquellas personas que sólo cometiendo delito (o realizando lo prohibido) consiguen un alivio a la culpa, que por ser inconsciente, de ella sólo se conocen los efectos en la conciencia, es decir, la necesidad una y otra vez de cometer delitos.

Una cosa es el pensamiento, otra la acción, y otra la imagen de la acción.

NIETZSCHE – ASÍ HABLÓ ZARATRUSTA DEL PÁLIDO DELINCUENTE -1881

¡Oíd, jueces! Existe otra demencia aún: la de antes de la acción. ¡Ay, no habéis penetrado bastante profundamente en los rincones de mi alma! Así habla el rojo juez: «¿por qué asesinó este delincuente? Quería robar». Mas yo os digo: su alma quería sangre, no robo: ¡él estaba sediento de la felicidad del cuchillo! Pero su pobre razón no comprendía esa demencia y le persuadió. «¡Qué importa la sangre! dijo: ¿no quieres al menos cometer también un robo? ¿Tomarte una venganza?» Y él escuchó a su pobre razón: como plomo pesaba el discurso de ella sobre él, – entonces robó, al asesinar. No quería avergonzarse de su demencia. Y ahora el plomo de su culpa vuelve a pesar sobre él, y de nuevo su pobre razón está igual de rígida, igual de paralizada, igual de pesada.

Buscando la libertad nos desviamos del camino de la libertad pues sólo en el deseo se es libre. Y libertad no es otra que la libertad de mi libido, que no tenga adherencias ni ataduras que le impidan vivir.

La delincuencia, la locura y la pobreza establecidas como tales socialmente no son sino secuencias o consecuencias del desvío libidinal, del trastorno libidinal a nivel estructural, o del empobrecimiento de la libido porque la libido está presa, «a la sombra» de un objeto.

SOY CULPABLE SOLO DE HABER CEDIDO EN MI DESEO.

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