EL ENGAÑO DEL SUICIDA

EL ENGAÑO DEL SUICIDA

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Platero, si algún día me echo a este pozo, no será por matarme,
créelo, sino por coger más pronto las estrellas.
Juan Ramón Jiménez – Platero y yo

Para el aparato psíquico no hay representación de la propia muerte, es decir, nadie desea su muerte. Cuando lo hace, muchos alguna vez en su melancolía han llegado a pensar en terminar con su vida, terminar con su dolor. Freud descubrió un mecanismo muy interesante y esclarecedor. Se dio cuenta de que el melancólico, siempre que se trate de una melancolía o depresión, se reprocha a sí mismo, tiene bajo concepto de su persona, ha perdido los ideales, tiene un gran dolor psíquico, pero le ocurre no por una pérdida o desilusión de la realidad, sino que le ocurre por su incapacidad de cambiar el objeto o ideal perdido. Incapacidad de sustitución.

Puedes ver el vídeo sobre el tema con la psicoanalista Helena Trujillo.

El estado de salud es un trabajo de constante sustitución.

Pasar de una situación a otra. Pasar de una idea a otra. Pasar de un trabajo a otro. La vida es eso, cambio, adaptación. Todos estamos capacitados para adaptarnos, pero hay quienes se resisten, quienes habiendo perdido siguen ahí, ante la sombra, en su protesta. Son muy narcisistas los melancólicos en tanto algo quieren dominar el orden de las cosas, algo dioses son.

Nadie quiere matarse a sí mismo. Cuando alguien se suicida, mata al objeto amado con el que se ha identificado. Es decir, es su venganza, quiere acabar con aquello que le decepcionó y lo hace así, rompiéndose a sí mismo, como si luego resurgiera cual Ave Fénix de sus cenizas. Por eso la melancolía o depresión es una enfermedad tan grave, porque el sujeto puede llegar a lesionarse, como si fuera un juego muy, muy peligroso, cada vez más peligroso.

La depresión no es estar triste, a veces uno no se da cuenta de que está deprimido. Pero si se analizara se verían las conductas arriesgadas, el descuido en los compromisos, la pérdida de ilusión de futuro, la dificultad de disfrutar de las cosas como antes.

SUICIDIO ALTRUISTA:

Un ejemplo fue aquel terrible accidente que en 2015 acabó con a vida de 150 pasajeros en los Alpes suizos como consecuencia de la acción suicida del copiloto, que se encerró en la cabina y estrelló el avión. Esto se llama suicidio altruista, alguien que al quitarse la vida, se la quita también a otras personas.

Pilotos, controladores aéreos, policías, militares, médicos, etc. ejercen profesiones de gran responsabilidad y como tales deberían disponer de procesos de selección y servicios de asistencia continua a su salud psíquica. Cuando hablamos de salud psíquica o mental, se queda muy corto hablar de test psicológicos, de preguntas y respuestas, de entrevistas comportamentales. Hay que incluir el psicoanálisis, el cuidado permanente de la salud mental en profesiones de alta responsabilidad. 

Aún cuesta aceptarlo, aún instituciones, administraciones y empresas se manejan en términos de una psicología descriptiva y aquí están los resultados: accidentes laborales, bajas por depresión, disminución del rendimiento laboral, enfermedades incapacitantes, etc.

Cuando la sociedad acepte que cuidar la salud mental es cuidar la vida, es cuidar la economía, nuestra sociedad dará un paso de gigante. La salud mental es el pilar de la vida de una persona y precisa estar en buen estado, pues es el sustento del resto de las decisiones vitales y del día a día en la vida laboral y familiar.

Cada año pierden la vida más personas por suicidio que por VIH, paludismo o cáncer de mama, o incluso por guerras y homicidios. A nivel mundial, cada año se suicidan casi un millón de personas, 800.000 según la OMS, el doble que las víctimas de homicidio. Por cada persona adulta que decide quitarse la vida, posiblemente más de otras 20 lo han intentado, y cada suicidio afecta íntimamente al menos a otras seis personas.

El suicidio, en muchos casos se trata de un problema silenciado, pero su prevalencia es preocupante. Según la Organización Mundial de la Salud, es la segunda causa de muerte para los jóvenes de entre 15 y 29 años, solo por detrás de los accidentes de tráfico. Quitarse la vida tiene también una prevalencia mayor entre los hombres, especialmente en los países de altos ingresos, donde se suicidan de media casi tres veces más que las mujeres.

La prevención de suicidio, debe ser una prioridad de salud pública, no sólo por la cantidad de muertes por esta causa, sino por los efectos complejos y perdurables que tiene en la salud mental de los círculos sociales de las personas que mueren por suicidio.

Tenemos que pensar el suicidio como un emergente social, donde el sujeto es portavoz de lo que acontece en las instituciones, como la familia, la educación y la religión, enmarcado en un orden social, que lo determina.

Freud estudia la depresión o melancolía, que es la enfermedad que está relacionada con el suicidio, en relación con el duelo, que es un proceso normal. El duelo se produce en situaciones de cambio, la realidad se nos presenta ante nosotros y no coincide con la imagen que teníamos de ella. Nos molesta la decepción, nos existe trabajo, no es lo que yo esperaba, es otra cosa, tengo que modificarme. Repito, el duelo es un mecanismo normal, no debe entorpecerse, tras de él no queda en el yo del sujeto rastro alguno de haberlo padecido. La angustia, la tristeza, a veces el dolor, son condimentos normales de toda vida, pero en ocasiones llevan a la mutilación, la enfermedad la muerte.

El estado melancólico puede desencadenarse, no sólo frente a la pérdida del objeto, (muerte de un familiar, pérdida de un trabajo, pérdida de un ideal), sino también frente a la no coincidencia de lo que quiero del objeto, es decir, cada vez que estoy en desacuerdo con el objeto amoroso puedo producir una melancolía. Esta enfermedad es una enfermedad dolorosa, se pierde todo contacto con la realidad.

RESPONSABLE DE OTRAS ENFERMEDADES

Según Miguel Oscar Menassa, en la etiopatogenia del 70% de las enfermedades está la depresión, la melancolía. Si incluimos en este diagnóstico cierto grado de inapetencia sexual, cierto grado de insomnio, cierto desprecio por las personas, ciertas fantasías de empobrecimiento o catástrofe, ya sería el 89% de la población la que estaría padeciendo depresión. Hacer entonces una campaña de prevención de la depresión reduciría enfermedades como el cáncer, el infarto de miocardio o accidentes laborales.

Y cómo reconocemos si alguien está o no deprimido. Estar triste no es estar deprimido, la tristeza es un sentimiento normal que denota que el sujeto ha comprendido su existencia material, hay un día que yo no estaré. La melancolía, la depresión, es un proceso patológico, habla de la incapacidad de amar del sujeto.  Te amo para mantener mi ideal, pero no voy a tolerar que me defraudes.

A nadie se le ocurre decirle a una persona a la que se le acaba de morir un ser querido que vaya al psicólogo o al psicoanalista, no hay que entorpecer el duelo.

Los problemas mentales, la ingesta excesiva de alcohol y el suicidio se incrementan durante las recesiones económicas, no tenemos que alejarnos mucho, lo estamos viendo actualmente. La protección social es fundamental para paliar la aparición de problemas mentales durante las crisis económicas. Pero también acontece con cifras preocupantes en países que, se supone, son las sociedades del confort, pero se han ocupado del confórt material, no han trabajado el alma, las relaciones sociales, la capacidad de amar. La gente muere de soledad. Son hartamente infelices.

Muchos suicidios no quedan registrados como tales porque la familia lo oculta, lo maquilla, no quiere reconocer que nadie se había querido dar cuenta que esa persona necesitaba ayuda, pedía ayuda, que denunciaba con su enfermedad una perversidad en esa estructura. Esto también tiene que ser tenido en cuenta.

Tampoco el suicidio es un fenómeno exclusivo de las sociedades modernas, en la mayoría de las ciudades-estado de la antigua Grecia el suicidio estaba penalizado. En la antigua Atenas, las personas que se suicidaban sin la aprobación del Estado no podían recibir los honores de un entierro normal.

En la antigua Roma, aunque fue inicialmente permitido, más tarde, fue juzgado como un crimen contra el Estado debido a sus costos económicos.

En la Europa Cristiana pasó a ser estimado como un pecado y fue condenado en el Concilio de Arlés de 452 como una obra de Satanás, además los suicidas eran excomulgados.

En Francia en el año 1670 se promulgó una ordenanza criminal en relación al suicidio: el cadáver del suicida debía ser arrastrado por las calles, cabeza abajo y, luego, arrojado o colgado de una pila de basura.

 En el siglo XVIII en Inglaterra el suicidio era un crimen equivalente al asesinato, considerado uno de los delitos más graves, no fue descriminalizado hasta que aprobó la ley sobre el suicidio de 1961.

Durante el Renacimiento, la actitud contra el suicidio comenzó a cambiar. Para el siglo XIX, en Europa el suicidio pasó de considerarse causado por un pecado a ser causado por la locura.

En España y Latinoamérica el suicidio no es un delito, pero sí se castiga su facilitación o instigación por parte de terceros.

EL SUICIDA ES UN ASESINO TÍMIDO.

Cuando se mata lo que mata es a ese otro alojado en él del que se quiere vengar, es una reacción extremadamente hostil.

No hay amor si no puedo separarme de la persona amada. No hay amor cuando no acepto que la persona amada piense diferente de mi. El deprimido tiene dificultades con el amor, tanto que manifiesta autorreproches, disminución del amor propio, se denigra frente a los demás, pero porque con ello obtiene una satisfacción sádica, ya que esas palabras que dice se refieren a otra persona.

Freud descubre que el deprimido se identifica, se transforma en la persona que se fue, entonces no perdió a esa persona o ese el ideal, pero lo hace a costa de una pérdida en su yo, una dolorosa pérdida en su yo. El melancólico puede llegar a suicidarse, porque no es a él a quien mata sino que es a la persona amada que lo ha abandonado. Freud dice que sólo es posible matarse si me confundo con otra persona, no existe el suicidio, es un asesinato, al suicida le llama “asesino tímido”.

DISMINUCIÓN AMOR PROPIO

Una característica esencial de la melancolía es la disminución del amor propio, el paciente se denigra, habla mal de sí mismo, no es merecedor de ninguna consideración. Incluso llega a una delirante espera de castigo o de la muerte.

El melancólico carece de todo pudor, tiene deseos de comunicar a todo el mundo sus defectos, como si en ese rebajamiento lograra una satisfacción. Los reproches con los que el sujeto se abruma corresponden, en realidad, a otra persona, por eso no tiene remordimientos.

Vemos que duelo y melancolía son dos procesos similares, pero hay diferencias que marcan la diferencia entre salud y enfermedad.

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