El mecanismo psíquico de identificación

El mecanismo psíquico de identificación

HABLAMOS DE LA IDENTIFICACIÓN CON LA PSICOANALISTA HELENA TRUJILLO

Para el psicoanálisis la identificación es una operación transformadora, muy importante en el funcionamiento del aparato psíquico, esencial en la constitución del sujeto y en la formación del yo. Identificación y sublimación son pasos necesarios en la constitución del ser humano.
«Donde Ello era, Yo ha de advenir». Las identificaciones son las que forman al yo, pero el yo tendrá que ser desarrollado, ya que «en el sujeto no existe, desde un principio, una unidad comparable al yo».

IDENTIFICACIÓN PRIMORDIAL

Antes de que haya yo, el ello directamente establece una identificación con el padre o con la madre indistintamente puesto que «no son objeto de una valoración distinta antes del descubrimiento de la diferencia de los sexos»; en esta identificación, no hay padre y madre, hay ser viviente.
Es «la primera y más importante identificación del individuo» previa a toda carga de objeto puesto que aún no hay yo, la instancia que efectúa la elección de objeto y mantiene el vínculo libidinal; es la base del ideal del yo.
Sobre una parte del Ello que se pierde para siempre se va a generar el ideal del yo, que es el primer rasgo de la identificación simbólica al Otro, lo que regulará los procesos imaginarios.
El lugar de la imagen se constituye como lugar de todo otro. El yo ideal, imaginario, corporal, será producto del impacto de la imagen completa sobre un cuerpo fragmentado.
El Yo, al sujeto psíquico, le viene dado desde el otro; nos constituimos desde el otro, siendo el primer otro nuestra propia imagen. Lo que denominamos Estadio del espejo.

La identificación es una de las operaciones del lenguaje constitutivas del sujeto, llegando a operar en el sujeto como mecanismo psíquico.

La identificación es la fase preliminar de la elección de objeto y la primera forma, ambivalente en su expresión, utilizada por el Yo, para distinguir a un objeto. Quisiera incorporárselo y correlativamente a la fase oral o caníbal del desarrollo de la libido, ingiriéndolo, o sea devorándolo.
Freud reconoce la ambigüedad que existe entre identificación y elección de objeto, manteniendo su diferencia, en tanto no es lo mismo estar del lado del objeto que del lado del sujeto.
En el caso de la identificación, el yo se transforma parcialmente de acuerdo con el modelo del objeto perdido. En el otro caso el objeto es conservado y como tal es sobre investido por parte del yo y a sus expensas.

El complejo de Edipo es como un retoque de la identificación por eso se llama identificación secundaria. En el tiempo del complejo o de la identificación secundaria es en el que consigue identificarse con su rival, el primer tiempo es rivalizando consigo mismo.
La identificación edípica es aquella por la cual el sujeto trasciende la agresividad constitutiva de la primera individuación subjetiva, la primera vez que encuentra los límites de su individuación, que se posiciona frente al doble en competencia, en rivalidad permanente

Las identificaciones con el objeto no son tampoco raras en las neurosis de transferencia, constituyendo, por el contrario, un conocido mecanismo de la formación de síntomas, sobre todo en la histeria. Pero entre la identificación narcisista y la histérica, existe la diferencia de que en la primera, es abandonada la carga del objeto, mantenida en cambio, en la segunda.
La identificación narcisista con el objeto se convierte entonces en un sustitutivo de la carga erótica, a consecuencia de la cual no puede ser abandonada la relación erótica, a pesar del conflicto con la persona amada. Sustitución del amor al objeto, por una identificación, es un importante mecanismo de las afecciones narcisistas.
También en las neurosis de transferencia, es la identificación, expresión de una comunidad, que puede significar amor.
En la melancolía el yo se apropia del objeto perdido reconstruyéndolo en sí mismo, se identifica con el objeto perdido y queda así libidinizado. La sombra del objeto cae sobre el yo, a partir de este momento es susceptible de ser juzgado por una instancia especial como si fuera el objeto perdido, lo que da lugar a que la pérdida de objeto se transforme en pérdida del yo. La libido objetal se transforma en libido narcisista, la identificación del yo con el objeto abandonado es un sustitutivo de la carga erótica, lo que significa que podemos hablar de un empobrecimiento de la vida amorosa del sujeto en tanto que hay una regresión de un tipo de la elección de objeto al narcisismo primitivo. La identificación en este momento es a modo de precaria incorporación, siguiendo la fase oral o canibalística del desarrollo de la libido.
Los reproches con los que el enfermo depresivo se abruma, corresponden en realidad, a otra persona, a un objeto erótico, y han sido vueltos contra el propio yo. También la conducta de los enfermos, se nos hace ahora más comprensible. Sus lamentos son acusaciones.
Sabemos que el hombre nunca renuncia del todo a esa madre primitiva que lo podía todo, podríamos entonces llamar pérdida a la atribución que el niño le hacía, la relación con la madre deviene inconsciente por no renunciar a ella y el sujeto la incorpora en su yo. Nos construimos desde el otro.

En el comienzo de nuestra evolución: El niño hace recaer sobre la madre su primera carga de objeto, mientras que con el padre se produce una identificación. Pero esta relación con los padres se mantiene sólo hasta que se intensifican los deseos sexuales frente a la madre y por tanto el padre ya es un estorbo entre ellos, aquí surge el Complejo de Edipo. Es decir, surge una relación ambivalente frente al padre, tornado el interés del niño hacia la eliminación del mismo para encontrarse más cerca de su madre.
Cuando el Complejo de Edipo se diluye tiene que ser abandonada la carga de objeto de la madre, y en su lugar surge la identificación a ella o se intensifica la identificación con el padre. Esto permitiría la conservación de la relación cariñosa con la madre. De esta manera se reafirma la masculinidad del niño.

La transferencia es producto de las identificaciones del sujeto, porque todo el procesamiento de la alienación se puede estudiar en la identificación primordial; y todo el procesamiento de la verdad de castración se puede estudiar en la identificación sexual o identificación del Superyo en la constitución del sujeto.

Estas primeras identificaciones, tanto en el niño como en la niña, relativas a esta fase sexual dominada por el Complejo de Edipo, queda un residuo en el «yo», consistente en el establecimiento de estas dos identificaciones enlazadas entre sí, apareciendo el «Superyo», como residuo de las primeras elecciones de objeto del «Ello», y a su vez, como una enérgica formación reactiva frente a las mismas.

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