ESTRÉS EN LOS PROFESIONALES DE LA SALUD

ESTRÉS EN LOS PROFESIONALES DE LA SALUD

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ESTRÉS EN LOS PROFESIONALES DE LA SALUD

El estrés es un término que procede de la física y de la arquitectura, entendiéndose como la fuerza que soporta un objeto hasta poder llegar a deformarlo o romperlo.

El primero que importó este término a la psicología fue el húngaro Hans Selye (1907-1982), con el nombre de Síndrome de Adaptación General (SAG) y lo definió como una respuesta no específica del cuerpo frente a cualquier demanda, de forma que si su duración es suficientemente prolongada, el organismo puede entrar en una etapa de agotamiento.

La OMS define el estrés laboral como un patrón de reacciones que se dan cuando los trabajadores se enfrentan a exigencias ocupacionales que no se corresponden con su nivel de conocimiento, destreza o habilidades.

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Podemos entender entonces que el estrés se deriva de una sobrecarga de atribuciones o, bien, de la incapacidad de adaptación del sujeto a las exigencias a las que se siente expuesto. Es importante destacar aquí la diferecia entre la realidad material y la realidad psíquica. Si estamos en el territorio de los procesos psíquicos o mentales, si hablo desde el psicoanálisis, entonces ya no me interesa buscar en la realidad la causa de lo que le está pasando al sujeto. YA SABEMOS QUE LO QUE LE ESTÁ PASANDO TIENE QUE VER CON SU REALIDAD PSÍQUICA, es decir, cómo se relaciona con las demandas de la realidad, cómo gestiona sus relaciones con los otros y cómo tolera lo que todo eso le suscita.

Situados en este punto, si estamos hablando del estrés en los profesionales de la salud: auxiliares, enfermeras, médicos, psicólogos, etc… hay que despejar en otro punto el hecho de que la curación del paciente dependa de ellos. LA CURACIÓN DEL PACIENTE DEPENDE DEL PACIENTE. Es un trabajo que tiene que hacer el paciente.

El sanitario participa en ese proceso como intermediador, su formación, su calidad humana y profesional facilita que en la relación con el paciente este se ponga en disposición de aceptar lo que la institución sanitaria, el profesional, la sociedad le ofrecen para transformar su estado, para desear su curación. Curarse depende de una transformación interna del paciente, de aceptación de la ayuda, la aceptación de la intervención médica o la interpretación psicoanalítica, depende de que algo que le llevó a enfermar cambie.

NOSOTROS NO TENEMOS EL PODER DE CURAR.

Hay una pérdida del valor del concepto de trabajo. Por un lado las instituciones explotan a los trabajadores, no le pagan los sueldos que corresponderían, hay sobrecarga de trabajo, falta de medios materiales y humanos en muchos casos. La salud de un derecho ha pasado a ser un negocio. El trabajador está sometido a esa presión y condiciones y, además, se encuentra con pacientes y con familiares de los pacientes que no valoran su trabajo, que exigen, en muchos casos no tienen educación y llegan a agredir al trabajador si este no responde como ellos desean. Hay pacientes que no pagan al profesional lo que han acordado, pacientes que pagan un precio inferior a los honorarios del profesional y que luego gastan mucho más dinero en otras cosas que no necesitan, como si le estuvieran haciendo un favor al trabajador y no están reconociendo el trabajo de ese hombre, esa mujer, que han detenido su vida para atendernos con sus servicios.

En este estado de cosas estamos. El trabajo no se valora, la salud se valora cuando falta y muchísimas veces no nos damos cuenta de que estamos enfermos.

Nos pasa como con los padres. TODA LA CULPA LA TIENEN LOS PADRES. Pero ¿y tú, qué haces para estar bien, para que te vaya bien? ¿Haces lo que te conviene o sólo te quejas? Hay un infantilismo promovido por la sociedad que dificulta que los progresos científicos, que ese gran trabajo que realizan los profesionales de la salud, produzcan los efectos deseados. YO ME OCUPO DE TENER UNA BUENA FORMACIÓN, USTED DEBE OCUPARSE DE VALORAR MI TRABAJO Y CAMBIAR LAS COSAS DE SU VIDA QUE TIENE QUE CAMBIAR PARA CURARSE Y DEJAR DE ESTAR ENFERMO.

También hablemos de los jefes. Hay jefes altamente cualificados y con gran capacidad humana que saben gestionar sus equipos y facilitan el trabajo de sus subalternos, gestionando los conflictos afectivos que acontecen, también, en el ámbito profesional.

Pero también hay malos jefes, enchufados que no quieren trabajar, sólo quieren cobrar. Desprecian a los subalternos, los humillan y denigran el trabajo, no los escuchan. Son malos profesionales. Esos empeoran las condiciones de trabajo de los compañeros, no entienden que el trabajo es social. SON EGOÍSTAS.

Cómo se combate: SIENDO MEJOR QUE ELLOS, SIENDO MÁS QUE ELLOS.

El estrés provoca enfermedades y sufrimiento, además de una importante pérdida de productividad, enfermedad y deterioro de la calidad de vida, pone en peligro la seguridad en el trabajo. EL TRABAJO NO DEBE ENFERMAR A LAS PERSONAS, EL TRABAJO DEBE PERMITIR DESARROLLARNOS COMO PERSONAS, AQUIRIR HABILIDADES, SER ÚTILES, PRODUCTIVOS Y AMAR A OTROS.

El estrés no es el nombre de una enfermedad, sino de un conjunto de síntomas. Las causas a las que se adjudican estas dolencias se suelen atribuir a las preocupaciones y problemas, generalmente, del trabajo y una de sus consecuencias más notorias es imposibilitar al sujeto para el desarrollo de la actividad laboral.

ES TAN IMPORTANTE LA SALUD DE LAS PERSONAS, LA SALUD MENTAL Y EL BIENESTAR MENTAL que no cuidarla  puede generar abandonos laborales, atentados laborales y grandes pérdidas económicas para las empresas e instituciones. A nivel social, generan costos en el sistema de salud y ponen una carga adicional en los servicios de salud públicos.

La OMS publicado en 2022, se estima que cada año se pierden 12.000 millones de días de trabajo debido a la depresión y la ansiedad. La COVID-19 provocó un aumento del 25% en la ansiedad y la depresión general en todo el mundo, y puso de manifiesto la falta de preparación para lidiar con su impacto además de revelar una escasez crónica de recursos a nivel mundial.

Según el Sondeo de opinión europeo sobre seguridad y salud en el trabajo realizado por la Agencia Europea especializada en la materia en 2022 se pone de manifiesto que el 27 % de los trabajadores sufren estrés, ansiedad o depresión provocados o agravados por el trabajo.

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