¿Qué es la felicidad?

¿Qué es la felicidad?

La felicidad, ¿qué es la felicidad? Cómo puede uno planteárselo en situaciones de disconfort o necesidad, acaso es un ser o un estado transitorio que alcanzamos con algo de suerte y en el que nos cuesta permanecer. Me pregunto en qué medida es importante sentirse o no feliz, acaso debe determinar la dirección de tus pasos. Que haya resultados imprevistos no quiere decir que haya que abandonar el camino. Es ese anhelo inalcanzable o son el tesón y el compromiso los que nos delatan nuestra propia felicidad. Preguntas cuyas respuestas hay que producirlas en el marco de un pensamiento, una teoría. Nosotros lo haremos desde el Psicoanálisis.

Puede que la felicidad sólo sea un expresivo gesto de satisfacción, una lucha a lo largo de la vida para nunca llegar a sentirse feliz del todo, acaso otros dichosos en su penuria, saben extraer algún jugo amable de su existencia. De todo hay, porque de lo que nos damos cuenta es de que no hay una única medida para la felicidad, ni métodos exclusivos para alcanzarla y, ni siquiera, todos la ambicionamos de la misma manera.

Esta sencilla enseñanza nos recuerda el daño que las exigencias morales ejercen sobre nosotros sin tener en cuenta las diferencias que nos separan y que también nos unen. El mayor error que podríamos cometer es obviarlo, querer ser siempre iguales, constantes en nuestra forma de renunciar. Si de algo se trata el goce, ese que tiene en cuenta el principio de realidad, es de que nunca se llega directamente, siempre media un trabajo, siempre aparece cierta resistencia del propio sujeto.

Los pilares del trabajo y el amor a los demás son los pilares de la felicidad.

¿Si los sistemas imperantes no nos hicieran infelices con sus exigencias seríamos felices? ¿Cómo nace en el humano esa ambición, tantas veces desmedida, de alcanzar estado emotivo gozoso de forma duradera? En nuestra propia disposición psíquica también encontramos esa anhelante búsqueda de placer o satisfacción, que incluye evitar toda situación que genere dolor. Las condiciones de nuestra dependencia a los demás y las cualidades de la naturaleza, sin embargo, no lo ponen nada fácil. Desde ese origen aún sin legislar, vendrán luego elementos mediadores entre nuestros deseos y las posibilidades de la realidad. Es lo que llamamos Principio de la Realidad, esa necesidad de incluir a los otros, al tiempo, al amor, la muerte. Nuestra primera experiencia de satisfacción marcará ya el rumbo, siempre inalcanzable, de nuestros deseos, volver a sentir un gozo como ese.

Vemos que nos vamos metiendo en un pozo muy alejado de nuestras intenciones, queríamos hablar de la felicidad y cómo hallarla, y nos encontramos con que nuestra disposición psíquica ya determina que la muerte es necesaria, siempre, en todos los casos, un punto, un final para las cosas. Por ello, cualquier situación vivida con placer y felicidad, sea del carácter que sea, estará destinada a terminar, tarde o temprano, y nunca alcanzará la huella del placer original, del primer bocado, del ideal.

 No todo está en nosotros, somos seres sociales que vivimos en sociedades construidas en pilares morales que influyen en la vida pública y privada de las personas. Esa ideología que nos aleja de ciertos caminos, también incluye alejarse del camino de la sexualidad humana, de la libertad sexual, de la creación, de la palabra. Aunque parezca una exageración, la moral se mete con cada una de nuestras células, nos martillea, no deja pasar una conducta o intención que no pase por su filtro, sin tener en cuenta la oportunidad ni la ciencia.

No quiero desalentarte ni desalentarme en este punto, planteémonos si el objetivo de la felicidad es verdaderamente útil para nosotros, tal vez es un producto más de la sociedad capitalista, esa construcción del enfermo consumidor que se consume a su vez en su miseria anímica. La felicidad, como la plantea Freud, está más cerca de la estupidez que del ideal de un hombre o una mujer cultos. Las vidas construidas sobre los pilares del trabajo y el arte, el ejercicio de la transformación, la conquista, no necesitan una sensación perpetua que les haga flotar y transcurrir así su tiempo, más bien el hombre y la mujer cultos, cultivados en lo humano, alimentan un hambre que nunca se agote, la esperanza de siempre alcanzar algo más allá.

Uno de los vídeos de mi canal de Youtube donde hablamos de la felicidad.

Todo menos quietud, todo menos silencio. Avivemos pues nuestras fuerzas, alejémonos de ideales impuestos, dejémonos volar para producir una vida con nuestro nombre y apellidos. Y ahí, tal vez, la felicidad.

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