Hacia una salud con alma

Hacia una salud con alma

Se precisan inversores para desarrollar proyectos de atención a la salud que incluyan una medicina humanitaria, es decir, que tengan en cuenta las necesidades y condiciones psíquicas del paciente en el desarrollo, tratamiento y curación de la enfermedad.

Pensamos la salud como una producción que debe tener en cuenta
al profesional de la salud y al propio paciente.

Los sistemas actuales de salud, consultas, clínicas, hospitales, mayoritariamente desarrollan una atención muy racionalista que parte de criterios biológicos y económicos en la atención al paciente, tienes medios de gran tecnología, pero no lo saben aplicar con criterios humanos. Internan al paciente sin ganarse su confianza, le tratan como un niño o un tonto, le invaden con inyecciones, medicamentos, con el fin de salvar su vida, pero sin tener en cuenta que su vida depende en gran parte de su deseo de vivir.

No consideran la individualidad en la producción de la enfermedad, lo que la enfermedad satisface o manifiesta en cada sujeto, que los aspectos psíquicos del paciente son más importantes que el propio soporte biológico. Establecen condiciones muy estandarizadas en el trato a los pacientes: le ponen un número, le hacen esperar, le separan de los familiares, le meten en una habitación con una persona desconocida, le mantienen desinformado o le informan de todos los peligros del tratamiento para salvaguardarse de posibles denuncias. De esta forma, se trata a los viejos como viejos, a las mujeres como mujeres, y todos los prejuicios afloran a flor de piel.

Una medicina más humanitaria incluye el psicoanálisis en el tratamiento del paciente, de todos los pacientes. Desde su ingreso al centro sanitario, la supervisión de los tratamientos, la conversación y estudio de los casos en conjunción con los médicos de cada especialidad. Pensar al paciente como un órgano averiado es tan antiguo como pensar que las máquinas van a curar o salvar a las personas.

Un 50% del tratamiento lo pone el profesional de la salud y el otro 50% restante lo pone el paciente con su deseo de curarse que, depende en gran medida de la relación que se establezca con el profesional o profesionales que lo atienden y que le tendrán que indicar los cambios que debe incorporar a su vida para mejorar su estado de salud.

Hablar y escuchar al paciente es fundamental, reitero, fundamental, tanto o más que los datos biométricos, los nombres de los patógenos y los elementos traumáticos que precipitaron la crisis del paciente. Humanidad señores, las ciencias avanzan y nosotros tenemos que avanzar con ellas incorporándolas a nuestra vida diaria.

El paciente tiene que sentirse bien atendido el tiempo que está en el hospital, si no está conforme, si le mienten, si le obligan, se deprime y empeora su estado de salud. Uno se cura para otros.

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