¿QUÉ ES LA ENVIDIA?

¿QUÉ ES LA ENVIDIA?

“La envidia es algo terrible y perjudicial para quienes envidian, no para los envidiados. Daña, sobre todo, a aquéllos y los destruye como un veneno destilado en su alma”. San Juan Crisóstomo

¿Ha sentido alguna vez rabia o enfado por el éxito de otras personas? ¿Vive fijándose en lo que consiguen sus conocidos y no valora lo que usted logra? ¿Cuando alguien le habla de algún logro, tiende a hablar de usted, incluso a mentir? ¿Se considera una persona envidiosa? ¿Sabe qué es la envidia?

La palabra envidia procede del vocablo latino ‘invidere’, que significa «mirar con malos ojos». Hay quien le llama mirada torcida. El Diccionario de la Real Academia dice de la envidia que es «la tristeza o pesar del bien ajeno».

El propio Homero encarnó ya, en Tersites, al envidioso de los tiempos heroicos. Shakespeare trazó una silueta definitiva en su Yago feroz, capaz de todas las traiciones y de todas las falsedades. El envidioso pertenece a una especie moral raquítica, mezquina, digna de compasión y desprecio. Sin coraje para ser asesino, se resigna a ser vil. Rebaja a los otros desesperado por la propia elevación.

La envidia, como el amor y los celos, es también un tema central en la literatura clásica y en las fábulas de Esopo, Samaniego, Iriarte y La Fontaine, cuyas moralejas permiten comprender mejor las causas de este mal y sus consecuencias funestas. Asimismo, en los cuentos de hadas, que tienen su origen en la tradición oral y la memoria colectiva, encontramos a personajes revestidos con los atributos de la envidia, unas veces como simples alegorías; y, otras, como lecciones arrancadas de la vida.

La envidia es más primitiva que los celos.

En el mundo bíblico, por ejemplo, la envidia está representada por la disputa habida entre Abel y Caín; un hecho del que resulta la expresión popular: “La furia de Caín”, para designar las malas intenciones de una persona envidiosa o cruel. Otro caso parecido encontramos en el mito de fundación de Roma, en el que Rómulo, impulsado por la ciega ambición y la envidia, mata a su hermano mellizo Remo.

El mundo antiguo conocía muchos caracteres de la envidia como pasión íntima. Entre los griegos es representada como una mujer con la cabeza erizada de serpientes y la mirada torcida y sombría. La cabeza coronada de serpientes era símbolo de sus perversas ideas; en cada mano llevaba un reptil: uno que inoculaba el veneno a la gente; otro que se mordía la cola, simbolizando con ello el daño que el envidioso se hace a sí mismo.

La filosofía clásica encontró fenomenológicamente al menos seis características en el «envidioso».

Al «envidioso» le produce pesar o descontento el bienestar y la fortuna de los demás. Él ve los bienes del otro, pero no las dificultades inherentes a su conducta, ni las privaciones y desventajas que ha tenido que superar para conseguirlos.

El envidioso es una persona próxima al envidiado. La gran desigualdad provoca admiración, mientras que la desigualdad mínima provoca envidia. 

Lo que al envidioso le molesta no son tanto los valores materiales del otro. Dirige un odio mucho más profundo a la persona que tiene el bien. No pretende obtener sus bienes, sino destruirlos y, a ser posible, destruirlo a él también. 

Cuanto más favores, atenciones o regalos haga el envidiado al envidioso, más fuerte será en éste el deseo de eliminar a aquél.

El envidioso dirige contra sí mismo la otra parte de ese odio agresivo: no sólo quiere destruir al otro, sino destruirse a sí mismo.

Uno de los vídeos sobre la envidia en mi canal de Youtube

El envidioso nunca descansa: ni siquiera la expropiación forzosa de la fortuna del otro, logra apagar su envidia. Por eso, si la envidia fuese fiebre, todo el mundo habría muerto, dice el refrán.

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