LA INFIDELIDAD Y SUS IMPLICACIONES EN LA RELACIÓN DE PAREJA

LA INFIDELIDAD Y SUS IMPLICACIONES EN LA RELACIÓN DE PAREJA

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Tendríamos que partir de la idea psicoanalítica de que ser infiel no es únicamente mantener relaciones sexuales con otra/s persona/s fuera de la relación de pareja. Hay muchos modos de ser infiel, de continuo somos infieles de pensamiento, en nuestras fantasías conscientes y, aún más, en las inconscientes, es casi inevitable encontrarnos deseando a otras personas. Esto nos remite a que el deseo humano no tiene objeto. La moral cultural sexual no tiene en cuenta, sin embargo, este hecho, piensa que es fácil y posible circunscribir nuestro deseo a una sola persona y lo establece como la forma normal de relacionarse. No obstante, muchas son las evidencias que han demostrado, a lo largo de la historia, que pocas personas han conseguido, no sin grandes esfuerzos, ser fieles de pensamiento y acto a sus parejas.

La fidelidad es muy difícil, si no imposible. En realidad el psicoanálisis estima que es necesario ser infiel, ¿en qué sentido? se preguntará. En el sentido de que ser fiel tiene que ver con guardar una fidelidad al primer amor del ser humano, que en todo caso es con la figura materna. Para un desarrollo psicosexual normal, es necesario que seamos infieles y amemos a más personas. Lo mismo ocurre en el campo de las ideas, todos necesitamos ser infieles a nuestras ideas, a nuestros gustos, pues de continuo aprendemos cosas nuevas y es necesario para nuestro desarrollo. Sin embargo, nuevamente, se nos engaña o nos engañamos pensando que debemos y podemos ser fieles.

Dicen que el principal motivo por el que surgen las infidelidades en el caso de los hombres es por tener más sexo, mientras que en el caso de las mujeres la infidelidad se achaca a la falta de atención por parte de su pareja. En realidad, no todas las infidelidades tienen los mismos motivos ni todas las mismas consecuencias. Muchas personas necesitan mantener relaciones con más de una persona, lo que no implica que dejen de amar y/o desear a su pareja. Habitualmente pensamos que si amamos y deseamos a nuestra pareja es imposible desear a otras personas, cuando en absoluto es así.

No es conveniente la confesión o que nuestra pareja se entere de que hemos estado con otra persona. Cuando esto ocurre, parece como si el deseo fuese molestar, más que mantener relaciones con otra persona.

Para muchas personas resulta muy difícil superar la idea de que su pareja haya estado con otra persona, marcando un punto de inflexión o ruptura el momento de la infidelidad o de la confesión. Habitualmente, la relación no volverá a ser como antes. Muchas parejas se rompen tras una infidelidad y, lo más interesante y que descubre el psicoanálisis, es que a veces se rompen no por falta de amor, sino por la moral de esas personas. Sus ideas le impiden superar las fantasías que le provoca la infidelidad.

En otros casos las consecuencias son mucho peores, hay quien mata, quien humilla, quien maltrata tras una infidelidad. Evidentemente esto sólo puede producirse en una concepción de amor donde entiendo que el otro/a me pertenece. Cuando el amor es posesión se puede acabar de esta forma.

Tras una infidelidad, como vemos, es posible retomar y continuar con la relación de pareja, incluso la infidelidad puede mejorar la relación, pues no siempre la otra persona puede darnos lo que uno necesita o desea. Que esto sea posible depende de la forma de pensar de cada uno de los cónyuges, no tanto de sus pensamientos conscientes, sino de su forma de pensar inconsciente.

Infidelidad y engaño no son sinónimos.  La infidelidad en muchos casos tiene que ver con la verdadera naturaleza del deseo humano, que no desea objetos sino desea deseos. Deseamos continuamente, distintas cosas, en distinto grado, pero tenemos el prejuicio de que las relaciones de pareja tienen que implicar una exclusividad en el deseo que para el ser humano no es posible desarrollar. Ya lo advertía Freud en su texto “La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna”, exigirle al ser humano una conducta sexual (que no siempre es genital, sexual también es hablar, escribir, pintar, mirar) determinada puede generar enfermedad en muchas personas. No todo el mundo puede ajustarse a las mismas reglas en cuanto al deseo sexual.

Es más grave hablar con otras personas de cosas privadas de la pareja, que compartir cama con otra persona. Tal vez el ser humano tenga que vencer algunos prejuicios a cerca de la sexualidad. Le damos demasiada importancia a lo genital, cuando hacemos cosas mucho peores todo el tiempo.

¿Qué sucede emocionalmente cuando vivimos un engaño?: ¿cómo lo viven el que engaña y el engañado?

 Si seguimos con el término “engaño”, entendiendo que mi pareja me ha sido infiel y, al enterarme, me he sentido ofendida/o, muchas personas pueden sentirlo como un varapalo, un jarro de agua fría que apaga su amor y su deseo. Tiene más que ver con los prejuicios morales, que con el amor. En realidad, si amo a la otra persona, no voy a dejar de amarlo porque haya estado con otra persona. El tema es más complejo de lo que parece superficialmente.

¿Cómo se recupera la confianza en el otro y en uno mismo?

Si quiero seguir con la otra persona es conveniente retomar la confianza, entendiendo que su conducta sexual no tuvo que ver con un cese de su deseo hacia mi, sino con otros deseos que no tienen que ver conmigo. En el caso de las personas que desconfíen de su pareja desde el momento de la infidelidad habría que decirles que acudan al profesional, pues de otra forma su conducta futura tendrá que ver con la venganza más que con el amor.

 Muchas madres utilizan a sus hijos para vengarse de sus maridos, en este caso sería recomendable separarse por el bien de los hijos.

¿Cómo solucionarlo?

 Muchas parejas lo solucionan porque la infidelidad quedó en silencio, es decir, si no se hace evidente es como si no hubiera existido. Como antes decía, ir a confesarse al otro o hacer que se entere por terceras personas es una forma de molestar, de hacer patente que la relación ya estaba rota previamente. La mayoría de las mujeres saben que sus parejas le son infieles, lo que no quiere decir que hablen de ello o que sientan, a cada instante, que sus maridos les engañan. Saben que él necesita mirar a otras o desear a otras y eso le hace venir a casa con más deseo. En el caso de la mujer ocurre esto mismo, sin embargo a la mujer no se le da esa libertad, hasta ahora, donde el psicoanálisis reconoce que ella también desea.

Si se reprime la sexualidad, se reprime el pensamiento.

Sexualidad no es genitalidad, es mucho más. De nuestra sexualidad dependen nuestras relaciones con nuestros compañeros, con nuestros mayores y con nuestros menores, de nuestra sexualidad depende nuestra manera de estar en el mundo.

Vivimos una sexualidad reprimida, acosada por la moral cristiana, intimidada por el miedo a las enfermedades infecciosas como el SIDA. Confundimos la libertad sexual con la práctica indiscriminada del acto sexual. Confundimos sexualidad con reproducción.

La primera aportación que hace Freud es estudiar las perversiones como variantes de la normalidad. Descubre que la sexualidad humana es inicialmente polimorfa perversa.

Freud nos señala que hay una doble moral. La infidelidad femenina está más castigada socialmente que la masculina. Si ella ha tenido muchos amantes, es una casquivana como mínimo. Si él ha tenido o tiene muchas amantes, es un machote.

Hay que poder hablar de lo sexual, la sexualidad humana sin palabras, es una sexualidad animal. Desde la racionalidad es imposible entender la sexualidad humana. Es necesario introducir el concepto de lo inconsciente. Sino como entendemos la paradoja de que ella se ponga hostil con él después de haber gozado. La locura moral lo llamamos en psicoanálisis. Ella Goza, y como no lo puede soportar, al día siguiente, o se enfada con él, o se tropieza, se cae y se hace un hematoma en las nalgas, como castigo por haber gozado, o le sale un sarpullido por todo el cuerpo. No se tolera el Goce. Sólo con psicoanálisis se arregla esto.

La mujer, para no ser insatisfecha ni infiel ni neurótica, tendría que ser inmoral, es decir atentar contra la moral sexual cultural, ser una cosa diferente a lo que está pautado en la moral sexual cultural como posibilidad.

Para tener sexualidad hay que dejar de ser moral. En el campo del dinero pasa lo mismo, porque la moral sexual económica no le permite al ciudadano normal tener dinero, entonces para tener dinero hay que ser un ciudadano anormal. Para tener sexualidad hay que ser un ciudadano anormal. Porque el cumplimiento de las leyes lleva a la mujer a ser infiel, al hombre a amar la infidelidad para poder desear. A ella a sentirse perdida por los sentimientos sexuales que tiene, porque están en contra de la moral sexual cultural, y a él en lugar de amarla y desearla como dice Freud, uno de los caracteres más singulares de este tipo de amante, es su tendencia a salvar a la mujer elegida.

Si estás atravesando una situación difícil con tu pareja, no dudes en consultarnos. Contamos con un equipo de profesionales con gran experiencia en las terapias de parejas.

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