La transferencia o la relación terapéutica en la curación de las enfermedades

La transferencia o la relación terapéutica en la curación de las enfermedades

La primera vez que Freud toca este tema de la transferencia es en el libro LA INTERPRETACION DE LOS SUEÑOS y formula lo que podríamos decir el concepto de transferencia, es decir, esencial para la técnica psicoanalítica.

Toda representación, toda la energía de una representación no permitida por la represión, desplaza la energía a una representación más potable, aceptada por la conciencia. La transferencia es el desplazamiento.

La transferencia no es algo que traiga el paciente de la casa, ni es algo que le otorgue como un don el psicoanalista, ni es el pasado del paciente ni nada de eso, es un concepto teórico que se instala cuando se comienza una relación psicoanalítica y que regula no sólo al paciente sino también al psicoanalista. La transferencia regula no sólo el decir del paciente sino que regula también el decir del psicoanalista.

Miguel Oscar Menassa, enumera las tareas del psicoanalista frente al paciente antes de que comience el verdadero tratamiento psicoanalítico: puntualizaciones, interjecciones, curiosidades discretas, estímulos serenos, libertad de entonaciones, movimientos de barita para las escansiones y los ritmos, explicación concedida sin reticencia, respeto a los pudores, acogidas corteses de lo escabroso, de lo escatológico, de lo obsceno, tolerancia de la seducción y de la agresión, señalamiento de algunos límites, juicio de no complacencia.

No es cierto que la transferencia surja más intensa en el psicoanálisis. También acontece con máxima intensidad en otros tratamientos.

La transferencia no se interpreta, la transferencia se vive. La transferencia es, en una definición preclara, la puesta en acto de la realidad del inconsciente, es decir, es donde aparece verdaderamente el inconsciente. 

El primer requisito para ser ciudadano del inconsciente es aceptar la incertidumbre como un estado natural dentro del territorio y en lugar de huir o matar, como nos venía enseñando la familia y, por qué no decirlo, también el Estado, habrá que ponerse a conversar.

La transferencia no es la repetición de estructuras pasadas. No es que él viene y me transfiere a mí, y empezamos a vivir estructuras pasadas. El paciente vive un proceso totalmente novedoso con el analista, que tiene que ver con sus relaciones familiares, pero que está determinado por cómo va a terminar la relación entre el psicoanalista y el paciente. Es decir, está determinado desde el futuro, no desde el pasado.

La transferencia surge espontáneamente en todas las relaciones humanas, es el verdadero substrato de la influencia terapéutica y actúa con tanta mayor energía cuanto menos se sospecha su existencia. Así, pues, no es el psicoanálisis el que la crea, sino que se limita a revelarla a la consciencia y se apodera de ella para dirigir los procesos psíquicos hacia el fin deseado. La transferencia de los neuróticos en análisis parece más intensa que la de los no analizados.

No hay interpretación antes del establecimiento de la transferencia. Sin transferencia no hay psicoanálisis, es decir sin transferencia no hay quien cure a nadie. Al campo del psicoanálisis no se llega sin antes haber decidido diluir toda la vida en la vida de la transferencia.

El único concepto verdadero es la transferencia, la transferencia no es algo que traiga el paciente de la casa, ni es algo que le otorgue como un don el psicoanalista, ni es el pasado del paciente ni nada de eso, es un concepto teórico que se instala cuando se comienza una relación psicoanalítica y que regula no sólo al paciente sino también al psicoanalista. La transferencia regula no sólo el decir del paciente sino que regula también el decir del psicoanalista.

Mientras el paciente está enfermo, cuando sufre, cuando no soporta su existencia, no se puede psicoanalizar. Luego enferma el cuerpo de la transferencia. Cuando el paciente comienza su curación, vamos a suponer un ulceroso que tiene acidez estomacal y que cada vez que goza le viene el ácido y le come la barriga… Él se va curando de su úlcera pero como la úlcera en su devenir hace un agujero, que generalmente muchos ulcerosos terminan en el quirófano, el paciente que está en tratamiento hace un agujero en la relación analítica. Un paciente que llega, tiene lunes martes y miércoles sesión, pero todos los martes, en la mitad de las sesiones que tiene, siempre, siempre, siempre, durante los 2 primeros años llega 15 minutos tarde a su sesión, produciendo un agujero ulceroso en el tratamiento psicoanalítico, es decir, produciendo un agujero ulceroso en el cuerpo de la transferencia.

El paciente asociando libremente jamás podrá llegar a hablarme del inconsciente porque los deseos inconscientes no están asociados a representaciones verbales preconscientes. Se hace capital la comprensión del concepto de transferencia.

Su vida futura está encadenada a palabras, y usted tiene una opción de encadenar toda su vida futura a otras palabras que a las que ya está su vida encadenada. A menos que usted crea que es un príncipe, yo intentaría encadenar mi vida a otras palabras. Fuera del campo de la transferencia no es efectiva la palabra.

Sin amor nadie hace caso a lo que uno le dice, nos dejamos guiar por lo que nos dicen las personas amadas. Entonces, el vínculo de transferencia, en este decir de Freud, es más fuerte que mis relaciones amorosas. El vínculo de la transferencia tiene que llegar a ser más fuerte que las relaciones con mi papá, con mi mamá, con mi mujer, ¿por qué? Porque si no, no escucho. 

Nuestro mundo real son los fenómenos determinados por la malla invisible de nuestras relaciones sociales y nuestro mundo interior aquél determinado por la compleja malla de nuestras relaciones inconscientes. Ese saber no sabido por el sujeto es el inconsciente. Cuando quiero saberlo lo transformo en conocimiento. Cuando quiero representarlo sólo es por medio de la negación y cuando quiero expresarlo sólo es posible por medio de la transferencia, situaciones todas ellas donde el sujeto no sabe lo que sabe.

El yo tiene la labor de enfrentar sus tres relaciones de dependencia: de la realidad, del ello y del superyo sin afectar su organización ni menoscabar su autonomía. La condición básica de los estados patológicos debe consistir en el debilitamiento relativo o absoluto del yo que le impide cumplir sus funciones. Con la terapia acudimos al auxilio del yo que ha sido debilitado por el conflicto interno.

Nos resulta muy inconveniente que el paciente actúe en lugar de limitarse a recordar. Lo ideal para nuestros fines sería que fuera del tratamiento se condujera de la manera más normal posible, expresando sólo en transferencia sus reacciones anormales.

Primer paso de nuestra tarea es explicar el acontecimiento: el yo tiene un déficit de poderío e influencia, se encuentra cohibido y coartado por las demandas del ello y del superyo.

Por parte del paciente contamos con la ayuda de algunos factores racionales como la necesidad de curación motivada por el sufrimiento y el interés intelectual, pero la ayuda más poderosa es la transferencia positiva.

En cambio, por enemigos tenemos la transferencia negativa, la resistencia represiva del yo (el displacer que le inspira el pesado trabajo que se le encarga), el sentimiento de culpabilidad surgido de su relación con el superyo y la necesidad de estar enfermo.

Parece que la neurosis sólo pueden originarse en la primera infancia (hasta los 6 años), aunque sus síntomas no llegan a manifestarse hasta mucho más tarde. Las neurosis son afecciones del yo, mientras es débil, inmaduro, puede fracasar en tareas que más tarde podrá resolver con facilidad. Tanto las demandas instintivas como las del mundo exterior actúan como traumas.

La reacción terapéutica negativa es absolutamente transferencial porque cuando el médico le dice al paciente «está mejorando» el paciente se ve sin los cuidados del médico y al otro día empeora, eso se llama reacción terapéutica negativa. Bueno, a veces pasa con el sexo, mi novio me dice “que bien que te has comportado” y yo al otro día tengo síntomas y no puedo… reacción terapéutica negativa. No quiero ver sonreír al otro, soy un poco envidioso, el otro se da cuenta de que estoy mejor y entonces empeoro…que Freud describe con el nombre de reacción terapéutica negativa pero que es un hecho eminentemente transferencial.

Por qué la transferencia se muestra como resistencia al tratamiento. La neurosis produce una introversión de la libido, término utilizado por Jung. Hay una disminución de la libido orientada a la realidad y aumento de la libido confinada en el inconsciente al servicio de la fantasía. Se ha producido una regresión de la libido, reanimando imágenes infantiles. Ha cargado de nuevo los elementos inconscientes de los complejos infantiles.

El tratamiento quiere descubrir la libido, hacerla de nuevo asequible a la conciencia y ponerla al servicio de la realidad.

Allí donde la libido aparece en el tratamiento surge el combate. Todas las fuerzas que motivaron la regresión de la libido se alzarán, en calidad de resistencias, contra la labor analítica.

Para liberar la libido hay que levantar la represión de los impulsos inconscientes.

Cada uno de los actos y ocurrencias del paciente son una transacción entre las fuerzas favorables a la curación y las opuestas a ellas.

Cuando se prolonga la cura analítica los conflictos se van combatiendo en el terreno de la transferencia. Si la transferencia pone en la persona del analista es para aprovecharlo para la propia resistencia. Es indudable que la confesión del impulso es más difícil si ha de llevarse a cabo frente a la persona a la que se refiere el impulso.

Acabamos por advertir que es necesario hablar de dos tipos de transferencia, una de sentimientos cariñosos y otra de sentimientos hostiles.

Todos los sentimientos de simpatía, amistad, confianza, se hallan enlazados con la sexualidad. Primitivamente no conocimos más que objetos sexuales, las personas estimadas pueden continuar siendo inconscientemente objetos sexuales.

La transferencia al psicoanalista se constituye en resistencia cuando se trata de impulsos sexuales reprimidos.

En Medicina, un medico mayor de golpe le deriva a un médico menor, ignorante, con menos conocimiento, un paciente y el que cura al paciente es el médico con menor experiencia, porque no depende tanto del médico como de las ganas de curarse el paciente, por tanto, nadie hace milagros, es el paciente el que atribuye, viene después de 10 años de psicoanálisis, viene conmigo y en 3 semanas se cura, bueno ha debido leer algún libro mío que le hizo muy bien, entonces viene con todo positivo y le diga lo que le diga él se cura. Por lo tanto no hay que vanagloriarse de los efectos positivos del psicoanálisis sobre los pacientes porque es el psicoanálisis el que los produce, no el médico.

El psicoanalista no le indica el camino al paciente, sino que le abre puertas y el paciente elige su camino.

La enfermedad del ser humano es hablar, pero es una enfermedad que tengo que sobrellevar, porque hablar, para poder hablar tengo que haber aceptado que soy un ser mortal. Ésa es mi enfermedad, que no soy inmortal. La salud es precisamente cuando puedo gozar de ser un ser mortal, que habla, y que su sexualidad es su palabra. Eso es un ser normal, sano, totalmente sano. Es muy difícil no tener un grado de neurosis, porque es muy difícil aceptar totalmente que soy un ser mortal.

La transferencia psicoanalítica:

Él hablará a nadie y menos que menos al analista.

El Otro hablará para nadie, menos que menos para el analizado.

Diálogo que ofrece como única garantía que alguien hablará, él, el Otro, pero nunca nadie sabrá quién habla ni a quién habla.

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