Psicoanálisis de la vida amorosa

Psicoanálisis de la vida amorosa

Nunca estamos tan indefensos contra el sufrimiento como cuando amamos.

I

Cuando hablamos de vida amorosa, no cabe duda de que nos abrimos a un tema que habla de todos, de aquello que nos constituye como humanos, nuestra propia sexualidad. Podemos llamar vida amorosa a las relaciones intersubjetivas de los adultos pautadas por deseos sexuales infantiles y reprimidos.

En los libros encontramos vidas que aún no pueden ser vividas, otras formas de relacionarse y de pensar, pero en nuestro tiempo aún no se hacen posibles esas formas de convivencia.

Esa moral que ha caído en los libros sigue en vigor en nuestras vidas como ideología inconsciente, no sabemos de ella, pero podemos producir ese saber a través de nuestras palabras y nuestros actos.

Dime cómo amas y te diré quién eres.

Curiosamente los mismos mecanismos amorosos se presentan en personas normales, personas enfermas y personas sobresalientes.

Freud descubrió que la sexualidad humana no abarca tan sólo la genitalidad, si hablamos de aparato psíquico, que será nuestro campo de trabajo, la sexualidad será todo aquello tocado por la palabra, es decir, desde el nacimiento el niño tiene sexualidad, en tanto nace entre otros humanos, y está sometida a un proceso evolutivo hasta conformar el sujeto adulto, proceso no exento de complicaciones. Serán esas complicaciones, esas individualidades, la que diferencien a una persona de otra, una sexualidad de otra.

Nuestra sexualidad está marcada por nuestras primeras relaciones, paradójicamente aprendemos a amar en familia y luego tendremos que renunciar a esos objetos sexuales para poder amar.

La especie se sirve de nosotros para perpetuarse, por eso no le importa si el objeto amado es bello o no, si nos llevamos bien o no, sólo le interesa reproducirse. En cambio, para el bienestar psicológico, para nuestro desarrollo como personas, gustamos de poder elegir a la persona amada que nos haga sentir feliz, que nos permita desarrollarnos como persona, que nos acepte tal y como somos.

Amar es un trabajo, porque nadie nace sabiendo amar. El amor es el gran civilizador porque renunciamos a tendencias egoístas por el miedo a perder el amor de aquellas personas más cercanas, nuestros padres, de las que dependíamos en nuestros primeros años de vida. Amar, entonces, incluye un depósito de sentimientos hostiles, precisamente por haber tenido que renunciar a la satisfacción de instintos que demandan una satisfacción inmediata, pero que implicarían displacer por no ser adecuados.

Para el Psicoanálisis amar es algo que va más allá de la reproducción, es dar lo que no se tiene a quien no es.

Sexo y amor, ya sabemos, no siempre se conjugan, no siempre producen la satisfacción esperada y no siempre la satisfacción consciente coincide con los deseos inconscientes. Lo que venimos a mostrar es que el Psicoanálisis produce una ruptura fundamental en la vida del hombre, viene a decirle que aquello que ve, que siente de sí mismo, aquello que cree que es, es sólo una apariencia, esa no es la verdad de nuestra vida psíquica.

¿Amo a ese hombre que digo que amo?

¿Por qué me gusta esa mujer?

¿Cómo pude elegir a esta persona como pareja?

¿Por qué después de gozar tanto me pongo tan irascible?

Continuará…

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