¿QUÉ DE NARCISO HAY EN TI?

¿QUÉ DE NARCISO HAY EN TI?

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¿QUÉ DE NARCISO HAY EN TI?

Si buscamos en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, narcisismo es definido como:

1. m. Manía propia del narciso. Hombre que cuida demasiado de su adorno y compostura, o se precia de galán y hermoso, como enamorado de sí mismo.

2. m. Excesiva complacencia en la consideración de las propias facultades u obras.

Los términos narcisismo o egoísmo se usan, habitualmente, con cierto tinte despectivo. Ser egoísta, ególatra, centrarse en sí mismo, es considerado un defecto, una falta. Aunque también admitimos, que si nos abandonamos por completo a los demás, somos tontos, unos sometidos, pasan de nosotros.

La leyenda de Narciso cuenta la historia de un joven de belleza incomparable que rechazaba a todos sus pretendientes, incluyendo a la ninfa Eco, lo que provocó la ira de la diosa Némesis, quien lo castigó haciéndole enamorarse de su propio reflejo en un estanque, consumiéndose hasta la muerte y transformándose en la flor que lleva su nombre, un mito que explica el narcisismo y la vanidad, según la mitología griega y romana, y es una historia moralizante, según el poeta Ovidio, para los jóvenes griegos y la mitología griega. 

Ver el vídeo en el que hablo de este tema:

El narcisismo puede considerarse como el componente libidinoso del egoísmo. La libido, la energía psíquica de cada sujeto, permanece idéntica a si misma, se aplique a los objetos o al propio yo. Cuando sólo podemos amarnos a nosotros mismos, cuando sólo podemos amar a una persona, cuando sólo podemos amar una cosa o cuando no podemos amar enfermamos. La disminución de la movilidad es lo que resulta patógeno:

En un comienzo, se consideró que había un narcisismo primario o primitivo, es decir, que nuestro primer amor, nuestro primer interés estaba en nosotros mismos. Se confundía autoerotismo con narcisismo. Pero Freud va a mostrarnos en 1923, en el texto El Yo y el Ello, que el yo no está constituido en principio, que se va a ir conformando en las relaciones con los objetos, va a tomar la energía sexual de los objetos. No hay narcisismo primitivo, que no hay nada que le pase al sujeto que no le venga desde afuera. Todo le viene dado de lo otro, hasta las pulsiones se construyen en el ser humano. Este narcisismo siempre es secundario pues lo primero que pasa es que la libido nace con el otro.

Antes de lo que llamamos identificación sexuada, hay una identificación primordial, antes de toda elección de objeto, con otro sujeto humano, otro semejante. Aún no hay femenino ni masculino.

Cuando pensamos en narcisismo, pensamos en el yo, en la reafirmación de uno mismo, poniendo los propios intereses por delante de todo. Pero el recién nacido aún no desea, aún no tiene el aparato psíquico constituido, no estamos en un principio constituidos.

El narcisismo es necesario, ser egoístas es necesario, en tanto hay logros que sólo alcanzamos si somos capaces de poner nuestro propio deseo por encima de otras objeciones, cuando no cedemos en las palabras. En las relaciones sociales, en el amor social, también hay que tener una cuota de narcisismo, pero no olvidemos que siempre somos otros, nunca somos nosotros mismos, nunca somos nuestro ideal.

El sujeto va desarrollando su autoerotismo, es decir, el proceso por el cual se va constituyendo su desarrollo sexual en la relación de sus órganos corporales y la relación con otros humanos. Las primeras satisfacciones sexuales son vividas en relación a las funciones vitales destinadas a la conservación. Las pulsiones sexuales se apoyan al principio en la satisfacción de las pulsiones del yo, pero luego se hacen independientes de estas. En un comienzo, la unidad del mundo es la unidad del niño y la madre, en el desarrollo del niño, en su producción como sujeto deseante, tiene que romperse esa unidad del niño y la madre, y eso se paga de alguna forma.

Al principio toda la libido se halla acumulada en el Ello, mientras el Yo es débil y está en período de formación. El Ello emplea parte de esta libido en cargas eróticas de objeto, después de lo cual el Yo, robustecido ya, intenta apoderarse de esta libido de objeto e imponerse al Ello como objeto erótico. El narcisismo del Yo es de este modo un narcisismo secundario, sustraído a los objetos.

Freud nos habla del narcisismo como ese estado en el cual la libido está en el yo, quedando retraída de la realidad. Se trata entonces de un estado en el cual la satisfacción libidinal está puesta en el yo. El yo convertido en su propio ideal se satisface.

El narcisismo aparece desplazado sobre ese yo ideal adornado con todas las perfecciones. No quiere renunciar al narcisismo de la niñez. Ese yo ideal es la sustitución del narcisismo de la niñez.

Vamos a diferenciar libido del yo (pulsiones de conservación) y libido objetal (pulsión sexual).

El amor es el máximo desarrollo del amor objetal. Es la disolución de la propia personalidad en favor del objeto amado.

Se ama:

  • Conforme al tipo narcisista: lo que uno es / lo que fue / lo que quisiera ser / a la persona que fue parte de uno.
  • Conforme al tipo de apoyo o anaclítico: a la madre nutriz / al padre protector.

En el enamoramiento es común un empobrecimiento de la libido del yo en favor del objeto. Hay hiperestimación de la persona amada. Como si proyectásemos en ella todo nuestro narcisismo, nuestro ideal.

La dependencia del objeto amado disminuye la autoestima.

El que ama pierde parte de su narcisismo.

Unos construyen un ideal con el que comparan su yo, otros carecen de este ideal. El narcisismo aparece entonces desplazado hacia ese nuevo yo ideal adornado con todas las perfecciones.

Aquello que proyecta ante sí como su ideal es la sustitución del narcisismo de la niñez en el que él era su propio ideal.

La producción de un ideal eleva las exigencias del yo favorece la represión.

La sublimación, donde la pulsión se orienta sobre un fin diferente del sexual, supone un medio de cumplir con esas exigencias sin represión.

La evolución del Yo consiste en un alejamiento del narcisismo y una tendencia a conquistarlo de nuevo. El Yo se forma con lo que recibe del otro.

En la enfermedad orgánica, cuando tenemos un dolor, el sujeto cesa de amar, retira su libido de los objetos y los retrotrae a su yo para destinarlas a la curación.

En la hipocondría pasa algo parecido, pero en este caso la libido la centra en el órgano que le preocupa. Recordemos la erogeneidad como cualidad general de todos los órganos.

Las neurosis narcisistas son conflictos entre el Yo y el Superyo.

En la paranoia el enfermo se cree perseguido. En la mayoría de los casos el supuesto perseguidor es una persona del mismo sexo, precisamente la persona a la que el paciente le muestra más afecto. Es una forma patológica en la que el individuo se defiende contra una tendencia homosexual.

En la melancolía se produce una elección narcisista de objeto, aunque siempre hay elección narcisista, pero el sujeto reacciona con una identificación narcisista incorporando al objeto perdido en su yo. Mediante el suicidio el sujeto suprime al objeto y también su propio yo.

En las afecciones narcisistas se manifiesta de un modo muy pronunciado la AMBIVALENCIA.

Toda enfermedad es social porque toda la enfermedad es el producto de una desavenencia del Yo frente a la realidad

Estudiando el mecanismo de sublimación, Freud se da cuenta que el sujeto, para sublimar necesita energía, necesita libido y que esa energía el sujeto la sustrae del objeto amoroso, se la quita al objeto amoroso. Esa energía que quita a los objetos, deviene libido narcisista, es decir, una energía del Yo. Entonces, con esa energía en el Yo es que se sublima; con esa energía narcisista.

El narcisismo es absolutamente necesario, que no se puede abolir, que ese amor por sí mismo es absolutamente necesario pues de él parten las energías de la sublimación.

La evolución del Yo consiste en un alejamiento del narcisismo primario y crea una tendencia a conquistarlo de nuevo. El Yo se forma con lo que recibe del otro.

Del poema UN ESPEJO POR FIN DESPEDAZADO, de Miguel Oscar Menassa:

¿Qué pasa,
                cuando la imagen quiere ser yo?
Estaría loco,
                  sufriría de alucionaciones,
o simplemente,
                      comenzaría a vivir de otra manera.
Está claro,
                los conocimientos acerca del hombre
                                                                       no alcanzan,
para comprenderme.

Cuando me miro en el espejo del hombre,
                                                            para identificarme,
sólo,
      veo ante mí,
                      pálidos fragmentos.

Lo digo,
            ni único, ni partido,
                                         el hombre,
                                                        es múltiple.

El hombre,
                 puede más.
                                  Le aconsejamos:
                                                          seguir,
perderse entre los suyos,
                                    cambiar,
de vida a cada instante.

Ser
      otro
            cada vez,
                          igual a nada,
ser,
      digo,
              incomparable,
                                   humano,
quiero decir,
                   diferente a todo,
                                            también,
                                                         a uno mismo.

El goce,
            -volando,
                          lentamente,
                                           a pleno sol- viene solo.
Y entonces,
                 me decido,
                                 elijo:
                                         volar 200 años,
y sé,
       que lo que pudo,
                                la palabra al derecho,
                                                                lo podrá al revés.
El deseo,
              no existe.

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