REACCIONES ANTE UN TRASPLANTE DE ÓRGANO

REACCIONES ANTE UN TRASPLANTE DE ÓRGANO

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VER EL VÍDEO DONDE HABLAMOS DEL TRASPLANTE DE ORGANOS Y SUS IMPLICACIONES PSÍQUICAS

Estoy enfermo, necesito un órgano nuevo

Ya habíamos hablado del afrontamiento de situaciones vitales difíciles relacionadas con el diagnóstico de enfermedades graves, la resilencia del paciente, su capacidad de afrontamiento, la importancia de una buena comunicación médica y apoyo interpersonal. Obviamente habíamos dicho que en esas situaciones vitales era muy importante contar con apoyo psicoanalítico, un espacio donde el paciente pueda trabajar la dimensión psíquica, no como causante o responsable del diagnóstico, aunque sabemos que hay condiciones psíquicas que desencadenan enfermedades orgánicas. Hay que pensarlo desde el punto donde aparece el diagnóstico y cómo ayudar a esa persona a gestionar su situación actual, ser paciente, afrontar el tratamiento médico o intervención quirúrgica, la utilización inconsciente del síntoma, etc.

Nos encontramos ahora en la ocasión de hablar de patologías donde se requiere un trasplante de órgano para poder seguir viviendo o mejorar la calidad de vida. Sabemos que no es un proceso nada fácil, por un lado porque disponer de un órgano biocompatible no siempre está al alcance, además está el papel del receptor y la reacción de su sistema inmunológico frente al órgano trasplantado, sus condiciones de vida después del trasplante, etc. También tenemos que sumar que ese órgano viene de otra persona viva que lo va a donar o de un donante muerto y lo que ello conlleva. Reacciones del donante o de los familiares del donante, las consecuencias en el paciente que lo recibe, que no son para nada conscientes, las consecuencias más relevantes para su estado son totalmente inconscientes.

¿Cómo asumir como propio un órgano extraño?

Una de las causas más importantes de fracaso del trasplante es el rechazo, este puede ser hiperagudo, agudo y crónico, dependiendo del momento de su instauración. La respuesta inmune del receptor hacia el órgano o tejido transplantado es determinante en este rechazo.

Se intenta conseguir la máxima compatibilidad de los injertos. Con la optimización de la compatibilidad se minimiza pero no se evita el rechazo, por lo que estos pacientes precisan de tratamiento inmunosupresor para mantener la viabilidad del injerto.

Se sabe que en los trasplantes de cualquier órgano hay posibilidad de rechazo, que ese rechazo tiene que ver con muchos motivos, nosotros pensamos que el rechazo es psíquico. El rechazo es visto por el psicoanáisis es provocado por los mismos motivos que produjeron la enfermedad. Estos motivos son de índole intersubjetiva. Si trabajamos el rechazo del trasplante como rechazo psíquico, tenemos que el rechazo es la no aceptación de la diferencia, una autoafirmación de lo que denominamos narcisismo de las pequeñas diferencias.

Los pacientes transplantados, reciben un órgano de características muy similares al propio, pero diferente. Esto puede desencadenar, por un lado, el rechazo biológico del que hemos hablado, pero también hay un rechazo psíquico a recibir algo diferente, a la diferencia. Además del miedo siempre presente frente a lo nuevo.

El narcisismo de las pequeñas diferencias se da cuando dentro de una gran semejanza, aparece una pequeña diferencia, por ejemplo: entre poblaciones vecinas, entre los hinchas de un equipo de fútbol y los de otro. Es como si al ser tan semejantes, lo que el otro hace diferente a uno, fuera vivido como una crítica. Como si se concluyera de una manera diferente de hacer o de pensar las cosas: «me está diciendo que lo hago mal», esta situación genera agresividad.

¿Se puede sentir culpa porque alguien tuvo que morir para poder vivir o mejorar la calidad de vida de un paciente?

Nadie tuvo que morir para que el paciente reciba el órgano, no es una vida por otra. Alguien murió, porque las personas algún día hemos de morir, y se dio la oportunidad de que ese cuerpo ya fallecido permita, a través de la donación de órganos, que otra persona tenga una nueva oportunidad gracias a los avances de la medicina.

Frente a esta pregunta nos encontramos, precisamente en la dimensión psíquica, que no podemos obviar, como estamos viendo. El paciente puede llegar a fantasear o pensar inconscientemente que su vida ha costado otra vida, cosa que pasa en todos los casos. Otros han hecho muchas cosas para que nosotros estemos vivos y eso no hace que tengamos que sentirnos culpables, pero sí asumir nuestra deuda simbólica. Y esa deuda simbólica no se tiene que pagar con la vida, se quiere que pagar siendo partícipes, a su vez, de la sociedad en la que estamos, estudiando, trabajando, teniendo buenos hábitos de vida, colaborando en la vida de otros, etc.

En las sesiones de psicoanálisis el paciente ha de poder hablar de toda esa dimensión que son fantasías o que ni sabe que las tiene, porque seguro que se alegra de recibir una nueva oportunidad, pero, a la vez, también hay contradicciones, reacciones en sí frente a aquello que viene a invadirle, frente a aquella intervención de la medicina en su vida, frente a aquello que le hacer recordar que su vida no es suya.

¿Es importante no conocer nada acerca del donante?

Es importante poner al paciente en otra dimensión al respecto del saber, no se trata de quién es ese órgano, qué pasó con esa otra persona, se trata de que la vida no deja de producirse en cada acto, somos significantes y depende de lo que digamos de las cosas que estas sean de una manera u otra. Poner al paciente en la dimensión del discurso analítico es permitirle despegarse de fantasías donde se le ha implantado un otro ajeno en su ser o que va a perder la vida que tenía antes o qué va a ser a partir de ahora… Todo eso necesita ser hablado y redimensionado. Porque no es el trasplante el que determinará una cosa u otra en su vida, es en todas las personas somos sujetos deseantes y dependemos de cómo se jueguen nuestros deseos en nosotros, de lo que hagamos con ellos. El trasplante da una nueva oportunidad para estar en mejores condiciones de salud, hay que trabajar para que esa oportunidad se juegue en uno y aceptar lo que se produzca como algo ya inscrito en el propio desear del sujeto.

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