Sobre las perversiones sexuales

Sobre las perversiones sexuales

ACERCA DEL FETICHISMO

Las perversiones están contenidas en la predisposición sexual, no diferenciada, del niño. Cuando la perversión presenta los caracteres de exclusividad y fijación es cuando podremos considerarla como un síntoma patológico. Cuando alguien se manifiesta perverso puede decirse que ha seguido siendo perverso y representa un estadio de detención en el camino.

Aunque todos deseamos las mismas cosas, nos diferenciamos en la manera de poner en escena nuestro deseo.

Podemos entender el fetichismo como una organización particular del deseo sexual o libido donde la satisfacción no se alcanza sin la presencia y el uso de un objeto determinado, lo que denominamos fetiche.

En el fetichismo, este objeto es necesario para la activación sexual y puede darse una falta de erección y excitación en su ausencia. Puede emplearlo durante la masturbación o llevarlo el partenaire durante la actividad sexual.

El fetichista no puede librarse a una relación sexual normal, el fin sexual no es aquí el acoplamiento; ese objeto o esa parte del cuerpo sobreestimada es su fuente de satisfacción. El propio sujeto dice encontrar más satisfactorio su objeto exclusivo, por cuanto es un objeto inanimado, así al menos puede estar seguro de que no va a decepcionarle.

La lectura psicoanalítica nos alumbra sobre la verdadera función del objeto fetiche, cumple una función de protección contra la angustia, la angustia de castración. De esta forma el fetichista procura salvarse de algo que le resulta intolerable, el «terror de la castración». Este queda activado por la percepción de la ausencia de pene en la mujer, en la madre. Para prevenirse de esta amenaza reniega de la ausencia de pene en ella, no siendo el fetiche otra cosa que el sustituto del pene faltante. Cree en la castración y a la vez reniega de ella.

El fetiche estará constituido por el objeto último percibido antes de la visión traumática misma, en general, una parte del cuerpo muy poco apropiada para fines sexuales (los pies o el cabello) o un objeto inanimado que está en visible relación con la persona sexual, y especialmente con la sexualidad de la misma (prendas de vestir, ropa blanca). Este momento tiene que ser entendido como un recuerdo encubridor. No representa el pene real, sino el pene en tanto puede faltar, en tanto puede ser atribuido a la madre, pero reconociendo su ausencia al mismo tiempo. Es el símbolo del falo que la mujer no tiene y que para el niño es necesario que tenga.

La castración de la mujer, en la posición perversa, es afirmada y negada, y mediante el fetiche indica que ella no ha perdido el falo, pero al mismo tiempo, la deja en situación de perderlo, en situación de ser castrada. De esta forma el sujeto no se ve obligado a reconocer que las mujeres han perdido su pene, no teniendo entonces necesidad de creer la amenaza de castración. En su realidad psíquica la mujer conserva, en efecto, un pene, pero ya no es el mismo que era antes. Otra cosa ha venido a ocupar su plaza, despliega ante la realidad un VELO que la disimula, y es este velo el que el sujeto finalmente sobrestima.

El fetichismo caracteriza más especialmente a la libido masculina, raramente lo encontramos en la mujer. Le evita convertirse en homosexual, pues confiere a la mujer precisamente aquel atributo que la torna aceptable como objeto sexual. Habitualmente el perverso o fetichista, aunque lo reconocen como anormal, sólo raramente lo consideran como un síntoma patológico. Por lo común están muy conformes con ellos mismos y elogian las ventajas que ofrece a su satisfacción erótica.

Artículo aparecido en la revista Extensión Universitaria.

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