Viaje a una nueva vida

Viaje a una nueva vida

Para ella fue una ilusión planear el viaje, una nueva vida junto a él, una oportunidad para su hija, nuevas oportunidades. Dejaba atrás años para olvidar, fracasos y problemas que parecían disiparse con el reto que él le planteaba. Vivir en un país europeo, salir del asfixiante entorno familiar, darle otra oportunidad al amor.

Llegó la esperada fecha, las maletas y todo el equipaje estaba dispuesto, su hija lloraba abrazada a sus abuelos, ella permanecía fría con la mirada fija en lo que pensaba que era mejor, partir. La despedida la mostraba segura de lo que estaba haciendo, pero su madre atinó a decirle: «Siempre estaremos aquí para lo que necesites, si lo pasas mal, llámanos, vuelve hija». Ella, entonces, no escuchó.

Tomó aquél vuelo y fue a reunirse con su actual pareja que le esperaba en el aeropuerto para llevarlas a la que sería su nueva casa, su nuevo hogar. Los primeros tiempos transcurrieron entre la incertidumbre de la adaptación, conocer el barrio, la ciudad, adaptarse a los horarios de él y organizar el papeleo para que su hija comenzara en su nuevo colegio. Ella apenas se daba cuenta de que los días corrían en el calendario mientras ellos iban haciendo su vida, pautada por los ritmos obligados del trabajo o el estudio.

No tenía trabajo, había dejado atrás su trabajo como secretaria en una oficina del centro financiero. Aquí se sentía torpe, no se manejaba en el nuevo idioma, quería prosperar, pero no sabía hacia dónde dirigir sus miras. Lo veía borroso, aunque él la apoyaba y animaba y se encargaba de pagar las cuentas de la nueva familia.

La losa de la espera se iba haciendo cada vez más pesada, la «luna de miel» del principio se había tornado vida cotidiana, a ella le costaba engancharse a la vida europea y tenía frecuentes disputas con su pareja, como ya antes le había pasado con anteriores parejas. Todos le reprochaban su carácter hostil y caprichoso. Como un destino que se repite, ni el cambio de país, ni las nuevas oportunidades ofrecidas habían cambiado un ápice sus sentimientos hacia la vida. Otra vez más se sentía confusa, insatisfecha y, ahora, más sola, a miles de kilómetros de su familia y amigos.

Cuando me llamó escondía su desesperación en un rictus firme y algo desconfiado.

-¿Por qué voy a confiar en que usted pueda cambiar lo que ni miles de kilómetros han podido? ¿Cómo va a ayudarme el psicoanálisis a vivir una vida feliz?

-Porque usted lo necesita y porque depende de usted y no del psicoanálisis que nuestras entrevistas sean la producción de una vida diferente.

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