NO QUIERO COMPROMISO

NO QUIERO COMPROMISO

NO QUIERO COMPROMISO

Yo no quería compromiso, caminaba distante de mis propios sueños y llegué hasta aquí, es un lugar como cualquier otro, usted podría ser cualquier otra persona, no me importa demasiado la compañía, ahora sólo quiero entretenerme y escuchar mis propios sonidos interiores, si tengo hambre, si estoy cansado, si elsueño me vence no importa dónde me alcance, estoy dispuesto a entregarme a él. No me convenza de que es extraño mi convencimiento, muchos antes que yo lo hicieron así, sinceramente, lo que les da la gana. Esa es la libertad.

Perdone amigo, dicen grandes estudiosos del tema, que la libertad individual no es un bien de la cultura, pues la libertad individual era máxima antes de toda cultura. Con ello le digo que no comparto su decisión de volver a los modos primitivos de convivencia, entre animales no reinan las palabras, somos frágiles cuando no hay vínculos ni límites que nos organicen.

Me miró con cara extrañada, mis palabras ya le parecían un compromiso demasiado grande para su resistencia, se ahogaba en el sentimiento de ser vencido por cualquier frase, niño tembloroso se acurrucaba en su mantra “no quiero compromiso”. No insistí, no medié otra palabra, le dejé tranquilo con sus propios sonidos interiores, su insistencia de no ceder pues de la asimilación cultural él había hecho una contienda, una guerra a vida o muerte.

Este personaje no lo traigo para juzgarlo, sino para pensar qué de nosotros hay en él, pues nada de lo humano nos es ajeno.

VER EL VÍDEO DONDE HABLO DE ESTE TEMA:

Escuchamos frases como:

·  «Me gustas, pero no quiero nada serio».

·  «Quiero formar parte del proyecto, pero no quiero que complicarme la vida».

·  «Quiero que me ayudes, pero no me digas lo que tengo que hacer».

·  «Quiero trabajar contigo, pero no quiero depender de nadie».

No podemos afirmar que toda persona que dice «no quiero compromiso» está huyendo de su deseo. Sería una explicación demasiado rápida. Alguien puede no querer una relación estable y decirlo con claridad. No somos dueños absolutos de lo que decimos ni de los motivos que creemos que nos llevan a actuar. Entre lo que declaramos querer y lo que se produce en nuestros actos puede haber una distancia, una hiancia. Por eso el Psicoanálisis ha sido ese invento revolucionario que nos ha cambiado la manera de mirar nuestra vida, por eso ya no podemos pasar de largo y decir que no sabemos o que no queremos saber.

Una relación no existe solamente porque dos personas se quieran; también se va produciendo mediante lo que dicen, hacen y ponen en juego entre ellas.

«Hay personas que quieren tener pareja, pero no quieren que esa pareja intervenga en sus planes. Quieren compañía, pero no preguntas; quieren amor, pero no que el otro les reclame una palabra. Quieren estar, siempre que estar no les obligue a modificar nada».

La cuestión no es si eso está bien o mal. La cuestión es qué relación se está construyendo o si se está construyendo una relación o uno está con uno mismo porque no se entrega a las relaciones. El psicoanálisis nos dice que nos producimos entre otros y a través de otros, somos seres eminentemente sociales, lo que ocurre es que hay personas dolidas, intolerantes o, puede, narcisistas, que no toleran la palabra de otro o están en una relación conflictiva consigo mismos y, entonces, no les da para relacionarse con otros, están inmersos en ese circuito que, para nada, está abierto.

¿Quiero encontrarme con otra persona o quiero encontrar a alguien que no altere demasiado la vida que ya tengo organizada? Quiero… quiero… quiero… Obstáculos para vivir y relacionarse con los demás. El psicoanálisis nos enseña que hay que hacer y, después, al ser interpretados, sabremos de nuestro verdadero deseo.

La poesía nos ayuda a pensar esta cuestión:

CARILDA OLIVER LABRA, DISCURSO DE EVA

Hoy te saludo brutalmente:
con un golpe de tos
o una patada.
¿Dónde te metes,
a dónde huyes con tu caja loca
de corazones,
con el reguero de pólvora que tienes?
¿Dónde vives:
en la fosa en que caen todos los sueños
o en esa telaraña donde cuelgan
los huérfanos de padre?

Te extraño.
¿sabes?
como a mí misma
o a los milagros que no pasan.
Te extraño,
¿sabes?
Quisiera persuadirte no sé de qué alegría,
de qué cosa imprudente.

¿Cuándo vas a venir?
Tengo una prisa por jugar a nada,
por decirte: «mi vida»
y que los truenos nos humillen
y las naranjas palidezcan en tu mano.
Tengo unas ganas de mirarte al fondo
y hallar velos
y humo,
que, al fin, perece en llama.

De verdad que te quiero,
pero inocentemente,
como la bruja clara donde pienso.
De verdad que no te quiero,
pero inocentemente,
como el ángel embaucado que soy.
Te quiero,
no te quiero.
Sortearemos estas palabras
y una que triunfe será la mentirosa.

Amor…
(¿Qué digo? estoy equivocada,
aquí quise poner que ya te odio.)
¿Por qué no vienes?
¿Cómo es posible
que me dejes pasar sin compromiso con el fuego?
¿Cómo es posible que seas austral
y paranoico
y renuncies a mí?

Estarás leyendo los periódicos
o cruzando
por la muerte
y la vida. Estarás con tus problemas de acústica y de ingle,
inerte,
desgraciado,
entreteniéndote en una aspiración del luto.
y yo que te deshielo,
que te insulto,
que te traigo un jacinto desplomado;
yo que te apruebo la melancolía;
yo que te convoco

a las sales del cielo, 
yo que te zurzo: 
¿qué? 
¿Cuándo vas a mátame a salivazos, 
héroe?  
¿Cuándo vas a molerme otra vez bajo la lluvia? 
¿Cuándo?
¿Cuándo vas a Ilámame pajarito
y puta? 
¿Cuándo vas a maldecirme?
¿Cuándo?
Mira que pasa el tiempo,
el tiempo,
el tiempo,
y ya no se me aparecen ni los duendes,
y ya no entiendo los paraguas,
y cada vez soy más sincera,
augusta…
Si te demoras,
si se te hace un nudo y no me encuentras,
vas a quedarte ciego;
si no vuelves ahora: infame, imbécil, torpe, idiota,
voy a llamarme nunca.

Ayer soñé que mientras nos besábamos
había sonado un tiro
y que ninguno de los dos soltamos la esperanza.
Este es. un amor 
de nadie;
lo encontramos perdido,
náufrago,
en la calle,
Entre tú y yo lo recogimos para ampararlo.
Por eso, cuando nos mordemos,
de noche,
tengo como un miedo de madre a quien dejaste sola.
Pero no importa,
bésame,
otra vez y otra vez
para encontrarme.
Ajústate a mi cintura,
vuelve;
sé mi animal,
muéveme.
Destilaré la vida que me sobra,
los niños condenados.
Dormiremos como homicidas que se salvan
atados por una flor incomparable.
Ya la mañana siguiente cuando cante el gallo
seremos la naturaleza
y me pareceré a tus hijos en la cama.

Vuelve, vuelve.
Atraviésame a rayos.
Hazme otra vez una llave turca.
Pondremos el tocadiscos para siempre.
Ven con tu nuca de infiel,
con tu pedrada.
Júrame que no estoy muerta.
Te prometo, amor mío, la manzana.

El inconsciente se produce, va a depender de las relaciones, de los compromisos, donde hasta los procesos creativos comienzan en un compromiso, una entrega a la cuestión. Las cosas son consecuencia de las palabras y muerte y enfermedad tuvieron que ser palabras para poder alcanzar al hombre, pues como habitante del lenguaje sólo por el lenguaje le llega el mundo y llega al mundo.

Los seres hablantes, los hombres y las mujeres, no son amantes, no son sólo narcisistas o tendentes a agruparse, son misterios, plenos de contradicciones y en constante paradoja, no se pueden encerrar entre opiniones.

«Y después están los hombres y mujeres
que no necesitan de mí ni el pan ni la caricia
están ahí sólo para entorpecer los caminos
del poema, del pensamiento, la distancia
y en esas cosas del amor prefieren no saber
que el polvo aquél no era un regalo a nadie,
el polvo al que se vio obligado era su deseo.»

Miguel Oscar Menassa, La mujer y yo

No es que la realidad sea un regalo sino que la relación con la realidad es un complejo proceso: todo lo que me da lo he puesto previamente y lo que no me da lo he rechazado previamente.

Podemos decir «te quiero», «cuenta conmigo», «vamos a hacerlo juntos» o «siempre estaré ahí». Pero las palabras no garantizan por sí solas lo que va a suceder. Tampoco son vacías: producen efectos, establecen lugares, crean expectativas y permiten o impiden determinadas relaciones.

El sujeto no se limita a expresar un pensamiento ya terminado. También se constituye en lo que dice, en cómo lo dice, en los significantes que repite y en las contradicciones que aparecen en su discurso.

«A veces creemos que el compromiso empieza cuando firmamos un contrato o pronunciamos una promesa. Pero antes ya estamos comprometidos con las palabras que utilizamos, con los lugares que ocupamos y con las historias que contamos sobre nosotros mismos».

Reconocer nuestro deseo como inconsciente es reconocernos como mortales, sólo deseamos deseos es necesario que haya previamente alguien que desee.

Nada hay sin lenguaje y no hay lenguaje sin sujeto.

MIGUEL OSCAR MENASSA: UNA VEZ, ELLA ME INTIMIDÓ
CON SUS PREGUNTAS

Una vez, ella me intimidó con sus preguntas:
¿Has tenido alguna vez pasiones verdaderas?
¿Alguna mujer, una idea, algún vicio, el poema?
Quedé como tocado por la nieve, helado.

Venirme a preguntar, precisamente, a mí,
si alguna vez, apasionadamente, entregué mi canto
a la mujer amada o a mis vicios secretos
y sorprendido me pregunté ¿Y ella me lo pregunta?

Ella, que transformó en virtud todos mis vicios
y se quedó a mi lado y, libre, amó todo mi amor.
Pero se fue poniendo triste de sí misma
triste de gozar de la vida y comenzó a sufrir.

Y nada le alcanzaba para seguir sufriendo.
Se ataba a los postes telefónicos,
para escuchar todas las conversaciones
y se metía en la vida de todo el mundo
pero ¡oh! singular mujer, ella,
no estaba en el mundo.

Y se engañaba a sí misma todo el tiempo,
se miraba en el espejo y se decía:
Soy una mujer, y se engañaba a sí misma,
cuando decía: soy una mujer independiente.

Y cuando se daba cuenta hasta con dolor
que no era ella misma la mujer de sus sueños
y que, ella misma, no era para nada independiente
dijo con pasión: Así es la vida, siempre nos engaña.

Hubo mujeres a mi lado
por decir algo, dije,
a quienes les bastaba
que yo tuviera sexualidad,
yo vivía y ellas se conformaban
mirándome vivir.

Esos días, cuando jugábamos a existir
terminábamos destrozados, sin fe
gritándole a la luna nuestro fracaso:
Existir no es posible, ni siquiera jugando.

Soy este trozo oculto para mí,
me decía ella llorando arrebatada
y tú no existes
a menos que esta mujer que soy
lo quiera.
Y el sol existe porque nos da vida
y de tanto nombrarlo lo hemos hecho posible
y nuestro amor, ¿qué sería nuestro amor
sin el beso o la frase de mañana,
que lo irán produciendo?

A mí no me gustaba filosofar,
yo era un hombre concreto
hecho de cal, de arena, de cemento
por eso que, cuando ella hablaba
tratando de eludir en el hablar
el compromiso de poder hacerlo,
yo la amaba por ese desparpajo,
por esa insolencia casi ingenua.

Hablaba del mundo como si ella
no estuviera en el mundo.
A mí me maravillaba su cordura,
su indiferencia, su disociación.
Hablaba de los hombres de las otras mujeres
como si ella fuera extraterrestre o divina
y a mí, hoy quiero confesarlo totalmente,
me enamoraba de ella esa pasión de soledad.

En los procesos grupales, hay personas que comparten una tarea, pero que no siempre comparten la misma relación con ella. Una persona quiere que el proyecto salga adelante, pero espera que los demás resuelvan las dificultades. Otra quiere que se valore su trabajo, pero no acepta que su tarea dependa de la de los demás. Una tercera quiere tener voz en todas las decisiones, pero no quiere asumir las consecuencias de ninguna.

¿Se puede producir una obra colectiva si cada uno quiere conservar la ilusión de que todo depende de él, pero nada le obliga a responder ante los demás?

Esto lo vemos muy frecuentemente y es preciso trabajarlo.

«En el psicoanálisis de una persona no se trata de comprometerse con la persona del analista como si fuera una autoridad a la que obedecer. Se trata de que pueda ponerse a trabajar algo propio, incluso cuando ese trabajo contradiga lo que uno pensaba de sí mismo».

¿Qué ocurre cuando pedimos que algo cambie en nuestra vida, pero queremos que ese cambio no toque ninguna de las posiciones desde las que vivimos?

Hay que ocuparse.

Todo tiene un final, todo termina. Hay relaciones que terminan, trabajos que se dejan, proyectos que pierden su sentido y pactos que es necesario romper. No todo lo que se mantiene es deseable, ni todo lo que se abandona constituye una traición.

Lo que resulta interesante es la diferencia entre poder decir «no quiero esto» y construir una vida en la que nunca haya que responder por nada de lo que uno elige.

·  ¿Qué quiero que los demás hagan por mí?

·  ¿Qué lugar estoy dispuesto a ocupar en lo que construimos juntos?

· ¿Qué estoy intentando conservar cuando digo «no quiero compromiso»?

· ¿Y qué posibilidades de mi vida quedan fuera cuando no quiero quedar implicado en nada?    

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