LA CURIOSIDAD INFANTIL
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LA CURIOSIDAD INFANTIL
¿Cómo afrontar las preguntas de los niños como padres y educadores?
A partir de «La ilustración sexual del niño» (1907), de Sigmund Freud.
¿Qué sucede cuando un niño pregunta y el adulto no sabe, no quiere o no se atreve a responder?
1. El secreto de los adultos
Un niño pregunta: “Mamá, ¿de dónde vienen los niños?”.
¿Qué hacemos los adultos? ¿Le respondemos, cambiamos de tema, nos reímos o le contamos lo de la cigüeña?
En 1907 Freud escribe una carta abierta al doctor M. Fürst para responder a la cuestión de si conviene explicar a los niños los hechos de la vida sexual. Freud no se limita a decir que hay que informar. Pone en cuestión las razones por las que los adultos prefieren callar: preservar la inocencia, evitar un despertar prematuro o mantener a los niños alejados de algo considerado vergonzoso.
Freud extrae el material de sus trabajos de tres fuentes, la observación de las manifestaciones infantiles, el material aportado por los pacientes neuróticos a través de sus recuerdos y aquellas construcciones producidas a partir de la traducción a lo consciente de esos recuerdos inconscientes que se produce en el tratamiento psicoanalítico.
No es posible diferenciar un desarrollo sexual diferente para los neuróticos y para los sujetos normales. Las neurosis no poseen un contenido psíquico peculiar, enferman a consecuencia de aquellos mismos complejos con los cuales luchan los sanos. La diferencia está en que los sanos saben dominar tales complejos sin sufrir graves daños, mientras que el neurótico lo hace a costa de los síntomas. Las diferencias entre nerviosos y normales son mucho menores en la infancia.

Y, ¿de qué se pregunta el niño?
El primer problema de que el niño se ocupa no es, por tanto, el de la diferencia de los sexos, sino el enigma de la procedencia de los niños. Desde su nacimiento habita con padre y madre, por lo que da como normal ese estatus de cosas, su primer interrogante va a girar en torno a otra cuestión motivada por sus impulsos egoístas. Cuando ve peligrar su estatus de protagonista familiar, el niño se plantea como interrogante “de dónde vienen los niños”. Es esta la primera pregunta que se plantea y le lleva a investigar, ya que teme peligrar sus privilegios.
Ante la llegada de un hermanito o ante la observación del nacimiento de hermanos en otras familias, el niño manifiesta gran hostilidad hacia aquél que le ha apartado del lugar central. En aquellos niños donde no hay sospechas de un nuevo hermano, puede llegar a manifestarse como deseo de tener un hermano.
La curiosidad sexual infantil, entonces, no se despierta espontáneamente debido a una necesidad congénita, no es algo genético, sino que despierta bajo el aguijón del egoismo, es decir bajo el componente narcisista del egoismo, cuando llega un nuevo hermanito, o bien escucha que alguien tiene un nuevo hermanito. Despierta su sensibilidad y agudiza su pensamiento. La existencia de los otros nos remite a nuestra propia existencia y eso genera un espíritu científico, investigador.
¿De dónde vienen los niños? ¿De dónde vengo? ¿Adónde vamos? Interrogantes que pueden abarcar períodos de nuestra vida que van desde la más tierna infancia hasta pasada la pubertad.
Ahí el afán de los adultos de dar respuestas inmediatas lleva a generar leyendas que sólo genera desconfianza, en tanto los niños se sienten engañados.
Ocultar no garantiza la ignorancia y puede intensificar la curiosidad y la inquietud.
2. Preguntas por las que pasamos todos
El niño comienza a preguntarse y comienza a preguntar. Ante estas preguntas infantiles, los adultos suelen responder con evasivas o fábulas como la de la cigüeña, muy importante desde el punto de vista mitológico, y según el cual es esta ave la que trae a los niños, cogiéndolos del agua. El niño no se cree tales explicaciones y comienza a dudar de la palabra de los adultos. Surge el primer conflicto psíquico, que puede dar origen a una disociación psíquica. Una opinión oficial, y una investigación que el niño mantiene en secreto y que prosigue más allá de las explicaciones recibidas.
Conscientemente toma las explicaciones del adulto, pero inconscientemente se deja guiar por teorías que tienen que ver con las fases de su desarrollo sexual y que tratan de explicar tal enigma. En esta disociación queda constituido el complejo nodular de la neurosis.
Conviene explicar que, para Freud, la sexualidad infantil no equivale a la sexualidad adulta. Se refiere a sensaciones corporales, zonas erógenas, satisfacción y estados afectivos que participan en la constitución de la vida sexual.
- El cuerpo infantil no es ajeno a las sensaciones de placer.
- La vida afectiva y las sensaciones corporales están relacionadas.
- La pubertad introduce transformaciones importantes, pero no crea desde cero toda la vida sexual.
Es un error tratar la sexualidad como un asunto que irrumpe de repente en la adolescencia. Freud considera que el niño posee una disposición para la vida erótica mucho antes de la pubertad.
La observación de los animales, que no esconden su vida sexual, servirá también al niño para conocer más sobre la naturaleza del nacimiento y a afianzar su incredulidad ante lo que los adultos le dicen.
El niño conforma unas teorías que se presentan a lo largo de su desarrollo y que se repiten en todos los sujetos. Constituyen parte de verdad, y tienen que ver con los componentes libidinales que se están desarrollando en él.
3. Juanito: el niño que investiga
La observación sin prejuicios de los niños va dando detalles al investigador adulto sobre cómo es el proceso de desarrollo intelectual del niño sobre los asuntos relativos a la sexualidad y lo que le rodea. Así Freud se sirve de un niño llamado Juanito, de 3 años. Juanito observa su cuerpo y el de los demás, pregunta a su madre si ella también tiene «una cosita de hacer pipí» y trata de averiguar cómo son los cuerpos de los animales. Observa una locomotora, una vaca, un perro, un caballo y una recién nacida; a partir de esas observaciones, elabora explicaciones propias.
«Juanito observa el mundo. Ve que los animales hacen sus necesidades, descubre diferencias entre los cuerpos y trata de encontrar una explicación. No dispone todavía de todos los datos, pero observa, compara y construye sus propias teorías».
Freud destaca que Juanito no ha sido intimidado ni parece atormentado por un sentimiento de culpa. Por eso comunica sus observaciones con inocencia y espontaneidad.
La curiosidad infantil no es algo que haya que sofocar, sino como una actividad que los adultos pueden acompañar o entorpecer. La comparación con la pregunta inicial permite plantear qué sucede cuando esa curiosidad encuentra una respuesta tranquila y qué sucede cuando encuentra una prohibición, una burla o una mentira.
Tampoco se trata de decir que todas las dificultades en los niños nacen del silencio adulto, sino que el ocultamiento puede añadir inquietud y culpa a una curiosidad inicialmente espontánea.
4. ¿De dónde vienen los niños?
Lili, una niña de once años y medio, que escribe a su tía porque quiere saber cómo nacen los niños. Ha discutido el asunto con su hermana y pide una explicación verdadera. La cigüeña no le ofrece una respuesta satisfactoria.
- La pregunta: El niño quiere saber de dónde viene un hermano o cómo nace un bebé.
- La respuesta insuficiente: Los adultos recurren a una explicación convencional que no resuelve el enigma.
- La consecuencia que señala Freud: El niño puede empezar a desconfiar de los adultos y guardar para sí sus propias investigaciones.
Freud critica las respuestas engañosas y señala que las explicaciones infantiles pueden mezclarse con errores, fantasías y sentimientos de culpabilidad. ¿Qué ocurre con la confianza de un niño cuando descubre que los adultos le han ocultado deliberadamente algo que le importaba saber?
No se trata de darle al niño una clase completa sobre lo que nos pregunta. Hay padres que le sueltan “a saco” una clase de biología sexual y dejan al niño/a pasmado e igual de confuso que antes. El niño/a no podrá comprender la explicación hasta que haya aprendido a través descubrimientos en otras especies la diferencia entre lo animal y los objetos, que los animales se reproducen, que hay macho y hembra y eso lo vaya extrapolando a lo humano.
Pero tampoco se trata se contarle una película, como antes se hacía, que si la cigüeña, que si lo encargamos en la tienda… etc.
5. Decir la verdad, pero ¿cómo y cuándo?
Freud aborda directamente la educación sexual. Reconoce que muchos autores están de acuerdo en ofrecer explicaciones a los niños, aunque no todos coinciden en el momento ni en el modo de hacerlo. Su propuesta es una ilustración sexual gradual, que comience desde la enseñanza primaria y avance conforme al desarrollo infantil. Sostiene también que la escuela no debería eludir la sexualidad y propone abordar inicialmente los hechos de la reproducción a través del estudio del mundo animal.
Lo importante es que Freud no plantea solo una cuestión de información. Discute la posición del adulto frente a la curiosidad infantil y la relación entre educación, autoridad y moral.
- No confundir la protección infantil con el ocultamiento sistemático.
- No responder a una pregunta infantil desde la vergüenza o el temor del adulto.
- Adaptar las explicaciones al desarrollo del niño, sin convertir la educación sexual en un tema prohibido.

6. Teorías sexuales infantiles
El niño, enlazado a la ignorancia de la diferencia sexual, paso necesario e inevitable en todo crecimiento, y que ninguna respuesta o explicación puede paliar, atribuye a toda persona, incluso a las de sexo femenino, órganos genitales masculinos. Por lo tanto la madre tiene pene como el padre.
Los actos mayores de la agricultura, el abrir el vientre de la tierra o los actos mayores de la fabricación del vaso, muestran la relación radical que existe entre estas primeras técnicas y el órgano sexual femenino. Sin embargo, si tenemos en cuenta los mitos de la infancia, que surgen espontáneamente, creativamente, en el proceso de constitución libidinal del sujeto, nos podemos dar cuenta que no sólo explican los mitos, leyendas, cuentos, y folklore de la humanidad, sino que nos acerca a pensar que el progreso de la humanidad es semejante al progreso de estos mitos infantiles, estas teorías sexuales de la infancia.
La primera teoría se enlaza con el desconocimiento de las diferencias sexuales, consiste en atribuir a toda persona, incluso a las de sexo femenino, órganos genitales masculinos. Muestra con ello su imposibilidad de representarse a otro sujeto humano en ausencia de ese órgano al que le confiere tanta importancia. Hasta la propia visión de los genitales femeninos en su hermanita u otros sujetos femeninos, es falseada por su creencia. La incapacidad del niño de poder renunciar al pene como único órgano sexual, le aleja de la solución de su problema de la concepción de los niños.
La existencia de la cavidad que acoge al pene permanece ignorada por el niño. El desconocimiento de la vagina afirma también al niño la segunda de sus teorías. Si el niño se forma dentro del cuerpo de la madre, desprendiéndose luego de él, tal separación no puede tener efecto sino por un solo camino; esto es, por el conducto intestinal, Teoría de la cloaca. El niño es expulsado como un excremento, en una deposición. Más adelante reprimirán esta creencia y la sustituirán por la fantasía de que los niños nacen a través del ombligo o de una abertura practicada en el vientre de la madre, para extraerlos, como a la Caperucita Roja, de la barriga del lobo. Niega el niño a la mujer el doloroso privilegio de parir hijos. Si los niños son paridos por el ano, también el hombre puede parirlos.
La tercera de las teorías sexuales infantiles típicas surge cuando los niños llegan a ser testigos casuales del comercio sexual de sus padres,su interpretación del coito es siempre de carácter sádico. INTERPRETACIÓN SÁDICA DEL COITO. Esta creencia puede extraerla de la percepción de alguna escena sexual de los padres o extraerla de la propia convivencia conyugal, entendida como un acto de dominio o violencia de uno sobre otro.
Hacia los diez o los once años suelen llegar a los niños las primeras revelaciones sexuales. Lo que así descubren los niños es casi siempre la verdad; esto es, la existencia de la vagina y su destino; mas, aparte de esto, las revelaciones que así se hacen unos niños a otros suelen contener también errores. Casi nunca son completas ni suficientes para la solución del problema primitivo.
«Cuando un niño pregunta, no siempre está pidiendo únicamente un dato. Está tratando de descubrir algo del mundo que le rodea. Y la respuesta del adulto no solo puede aportarle una explicación: también puede abrir o cerrar un espacio para que siga preguntando».
La sexualidad forma parte del desarrollo infantil antes de la pubertad, y ocultarla sistemáticamente no elimina la curiosidad. En su propuesta educativa, la información debe acompañar al niño progresivamente, en lugar de dejarlo solo ante sus enigmas.
Freud nos habla de las múltiples oportunidades en las que el niño puede sentirse defraudado o menospreciado en el amor a sus padres. A quién no le ha pasado que sus hijos le pidan más cariño, más atenciones, toda la atención. O, mejor, quién no pidió más cuando era un niño, quién no sigue pidiendo más. Uno siempre tiene motivos para sentir que no es suficiente.
¿Estamos educando a los niños para que puedan preguntar
o para que aprendan qué cosas es mejor no preguntar?