¿LO RECOMIENDAS?
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Recomiendas a un amigo un restaurante, unas zapatillas que te has comprado… pero ¿eres capaz de recomendar psicoanálisis?
Hoy les vengo a situar en el centro mismo de la cuestión porque todos somos dueños de lo que callamos y esclavos de lo que decimos. Por qué nos cuesta tanto decir que es normal ir al psicoanalista, que es recomendable, hasta conveniente.
La actriz española Antonia San Juan ha compartido abiertamente en diversas ocasiones que lleva más de 25 años acudiendo a terapia psicoanalítica. Su postura sobre el psicoanálisis: Ha declarado que ha sido «la mejor inversión que yo he hecho en mi vida, en cuanto a dinero y tiempo» y su «gran asidero» para ser feliz y sobrellevar momentos difíciles. Ha vinculado su constancia en el psicoanálisis con el cuidado de su salud mental y emocional a lo largo de su carrera en el teatro, el cine y la televisión.
El actor catalán Eduard Fernández, que en una entrevista con ‘La Vanguardia’ declaraba que «lo veo como una educación general básica. Creo que es bueno conocerse a uno mismo; conocer las trampas que uno puede tenderse para engañarse; identificar el guion de vida que tienes y te han marcado tus padres, y ver si algunas cosas se pueden revisar»
El cantante Dani Martín de El canto del loco también está cuidando su salud mental y lo recomienda. “Hay cosas que no me atrevo a hacer por miedo al abandono, desconfianzas, pensamientos irracionales”. “Voy a terapia y se lo recomiendo a todo el mundo, es como ir al gimnasio de las emociones. Creo que hay que trabajar el cerebro y el corazón, porque son las cosas más importantes de nuestra vida y yo, estoy orgulloso de hacerlo”. «Merece la pena encontrar lugares donde uno se siente que está trabajando y aprendiendo, tengo mucho que aprender de mí aún”.
Leonardo Sbaraglia ha compartido en una entrevista que la terapia forma parte de la vida cotidiana y que le permite lidiar con las presiones intensas que se viven en su profesión. El actor pone en valor la terapia como herramienta para procesar exigencias y tensiones propias de nuestro trabajo o de la vida adulta, especialmente cuando se compagina arte, presión laboral y expectativas personales.
El músico malagueño Pablo Alborán ha hablado abiertamente de un cuadro de ansiedad que vivió y de cómo fue a terapia para afrontarlo: “Creo que es algo que todo el mundo debería probar, se lo recomiendo a todo el mundo. No hay que tener problema en hablar de eso”.
El presentador de televisión español Jorge Javier Vázquez también habla sin tapujos sobre una depresión sufrida. “El desequilibrio me estaba afectando y me han llegado a decir que podría haber desembocado en una depresión de no salir de casa”, explicaba Jorge Javier. “En mi familia me iba bien, tenía pareja, el trabajo me iba bien, pero a pesar de todo sentía tristeza. “Tenía una pérdida de ilusiones total. Me cuesta hablar de ello porque te sientes incomprendido. Siempre aparece alguien que te recuerda que como eres un privilegiado que lo tiene todo, no te puedes quejar”.

Como estos muchos casos de personajes conocidos que han hecho pública su realidad de acudir a terapia y normalizar algo que debería ser cotidiano por necesario. Miguel Oscar Menassa en 1998, el sus palabras de apertura a un congreso sobre Patologías de la vida cotidiana decía: Los casos de los que tengo que escribir necesitan el máximo secreto, ya que investigar seriamente estas enfermedades muestra claramente la vida íntima del enfermo que, en la mayoría de los casos, estos pacientes prefieren la enfermedad a la verdad… He dedicado toda mi vida a investigar por qué en iguales circunstancias unos enferman y otros no. Para enfermar, también, era necesaria una capacidad. No cualquiera puede enfermar de cualquier enfermedad.
En realidad todos nos parecemos en algo. La drogodependencia toca todos los niveles de la sociedad, en una realidad donde sólo pueden triunfar los superhombres, la gente busca desesperadamente ayuda, algo que les permita sentirse más normales, con más energía, con más imaginación, más, más, más… y así cae en los brazos de la heroína, cocaína, alcohol, marihuana, genioles, antidepresivos, pastillas para comer, pastillas para no comer, sustancias para activar la capacidad sexual, pastillas para tranquilizar los nervios, los juegos de cartas, el tute cabrero, las máquinas tragamonedas, los caballos todos los días y seis quinielas diarias, el quini, el loto y luego están los que se drogan con las personas. No aman a nadie, no desean a nadie, pero están todo el día acompañados y hay, todavía, algunos que para darse importancia hacen escenas de celos aunque no exista ningún amante y llegan a creer que las personas se pueden tener o no tener.
Digamos que hoy día nadie soporta a nadie como un semejante. Cada uno de los seres humanos somos para los otros seres humanos como cuerpos extraños. Al encontrarnos no podemos otra cosa que producir reacciones sensibles y, siempre, descontroladas, algo así como las viejas reacciones antígeno anticuerpo o semejante.
El Dr. Menassa afirmaba también que nadie se cura haciendo lo que le da la gana porque hacer lo que a uno le da la gana es el mecanismo que usa la enfermedad para instalarse como enfermedad. Y esto nos lleva a pensar en esas personas que tienen serias dificultades para llegar a la terapia o que, apenas iniciada, interrumpen porque no pueden tolerar la más mínima intervención, ni una palabra, cualquier excusa les basta para interrumpir el proceso que, todavía, no se ha establecido. Sin una cierta cuota de displacer será imposible iniciar un diálogo terapéutico, hablar de ciertas cuestiones que el paciente necesita abordar, aunque ni siquiera el psicoanalista sea el que propicie hablar de esos temas, pero la reactividad del paciente es tal que “todo les viene mal”.
Con el psicoanálisis la conciencia deja de ser el centro del ser hablante que es el humano, pasando a ser algo que no está en el proceso de pensamiento, en tanto el pensamiento pasa a ser pensamiento inconsciente y la conciencia sólo sabe de los resultados, e incluso hay procesos de pensamiento que acontecen sin que la conciencia se percate de ellos.
Con el psicoanálisis cambia la concepción del saber y también de la verdad. Freud nos dice que no hay necesidad de saber que se sabe para gozar de un saber, pues el hombre piensa con ayuda de palabras. El paciente tiene que hablar para hacerse sujeto de su saber inconsciente, aunque su verdad sólo la pueda decir a medias, ya que tiene estructura de ficción y, precisamente, de esa verdad no querría saber nada, el hombre se debate entre una verdad como ficción, como síntoma o como secreto.
No se trata de corregir o de curar al paciente de sus síntomas, no se trata del furor sanandi, ni de curarle de sus represiones, sino de dejar que la transferencia haga su obra, sólo así ese trabajo desarrollado en terapia, esas palabras producirán sus efectos en el paciente.