LAS CRÍTICAS

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LAS CRÍTICAS

Vivimos entre dimes y diretes, enfocados en lo que opinarán los demás de uno mismo, pedimos reseñas y chequeamos la de los otros antes de solicitar sus servicios, creemos y no creemos permanentemente porque vivimos en un mundo donde es muy rápido desmontar la imagen profesional de alguien a partir de opiniones no convalidadas, cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón, como dice el tango Cambalache. Antes estaban las figuras de los críticos, literarios, musicales, de cine o de cualquier otro sector, que escribían páginas y páginas poniendo a parir el trabajo de otros. El propio Sigmund Freud nos ejemplifica en uno de sus trabajos escritos cómo debe realizarse una crítica. Cuando se critica el trabajo de otro se debe conocer a fondo dicho trabajo y tener la cualificación para poder plantear cómo tendría que ser de otro modo, basado no en la opinión, sino en conocimientos contrastados, cosa que generalmente no se da.

AQUÍ PUEDES VER EL VÍDEO DONDE HABLO DE LAS CRÍTICAS

CAMBALACHE

Enrique Santos Discépolo, 1934

El mundo fue y será una porquería, ya lo sé
En el quinientos seis y en el dos mil también
Que siempre ha habido chorros
Maquiávelos y estafáos’
Contentos y amargaos, valores y dublé
Pero que el siglo veinte es un despliegue
De maldá’ insolente ya no hay quien lo niegue
Vivimos revolcaos en un merengue
Y en el mismo lodo todos manoseaos

Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor
Ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador
Todo es igual, nada es mejor
Lo mismo un burro que un gran profesor!
No hay aplazaos ni escalafón
Los inmorales nos han iguala’o
Si uno vive en la impostura
Y otro roba en su ambición
Da lo mismo que sea cura
Colchonero, rey de bastos
Caradura o polizón

¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!
¡Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón!
Mezclao’ con Stavisky van Don Bosco y La Mignon
Don Chicho y Napoleón, Ferner y San Martín
Igual que en la vidriera irrespetuosa
De los cambalaches se ha mezclao’ la vida
Y herida por un sable sin remache
Ves llorar la Biblia contra un calefón

Siglo veinte, cambalache, problemático y febril
El que no llora no mama y el que no roba es un gil
Dale nomás, dale que va
Que allá en el horno nos vamo’ a encontrar
No pienses más, sentate a un lao’
Que a nadie importa si naciste honrao’
Es lo mismo el que labura
Noche y día como un buey
Que el que vive de los otros
Que el que mata o el que cura
O está fuera de la ley

Opinión tenemos todos, como culo, pero cuando vamos por la vida opinando de todo y teniendo en cuenta las opiniones, se pierden los criterios, se pierde el aporte que los conocimientos hacen en la vida del hombre. Si estamos aquí y vivimos como vivimos, es porque otros hombres y mujeres antes que nosotros han hecho un arduo trabajo, cada uno en su campo, para avanzar en la investigación y el conocimiento de la naturaleza y del hombre, en los conocimientos relativos a la biología, la física, se ha avanzado en los procedimientos médicos y la investigación de las enfermedades y sus tratamientos, se ha avanzado en el conocimiento de las enfermedades mentales, etc. Pero resulta que cualquiera puede venir y decirte cómo tienes que ser, cómo tienes que hacer tu trabajo. Cualquier quiere darte órdenes. Evidemente se trata de neuróticos, es decir, personas que van imponiendo su ley a diestra y siniestra y, sin embargo, tienen serios problemas para aceptar las leyes que regulan las relaciones sociales.

Les explico todo esto porque hemos de ser cuidadosos y respetuosos con el trabajo de los profesionales que, para serlo, no hacen lo que les viene en gana, como sí hacen los neuróticos. Un profesional es aquel que se somete a una disciplina, la estudia y se rige por sus leyes, dedica largas horas a su capacitación profesional, tiene maestros, se forma, la mayoría de las profesiones requiere capacitación continua y permanente el tiempo que uno esté desarrollando esa disciplina, no vale con lo que uno estudió, uno tiene que estar estudiando toda la vida, como es el caso de un psicoanalista, que para poder ejercer como tal, no sólo debe estar en psicoanálisis permanente con otro psicoanalista de mayor experiencia, además debe integrar grupos de estudio de psicoanálisis de forma continua donde debe realizar publicaciones periódicas que dé cuenta de cómo estudia, además debe supervisar sus casos, etc.

«Menard —recuerdo— declaraba que censurar y alabar son operaciones sentimentales que nada tienen que ver con la crítica», dijo el gran escritor Jorge Luis Borges y me asiento sobre su mano para explorar esos sentimientos humanos que se expresan sobre el trabajo de otro queriendo destruirlo por envidia o intolerancia. Así recuerdo que alguien tuvo la osadía de dejar una reseña diciendo que mi consulta era muy pequeña y caros mis honorarios. Ernest Hemingway sostenía: “La mejor manera de averiguar si puedes confiar en alguien es confiar en él.” Esa persona no confió en mi cuidada formación psicoanalítica que se extiende desde hace casi 30 años, valoró mi cualificación por la superficie física del despacho que me alojó mi primer año de residencia en Madrid, resuena su crítica como aquella otra que refería a que las mujeres eran menos inteligentes por el volumen de sus cerebros. Oscar Wilde escribió que “La crítica es la única forma civilizada de autobiografía”, y en el caso anteriormente referido indudablemente esa persona hablaba de su escasez económica y de otro tamaño, no el de mis excelentes instalaciones en Málaga o Madrid donde siempre he recibido con confort a mis pacientes, así como mi afinada elección a la hora de decidirme por una escuela de psicoanálisis para formarme o psicoanalista, siempre elegí entre los mejores el mejor.

Otra de las críticas recibidas en esa pizarra chivata que es internet donde los cobardes se retratan, es el tiempo reducido de las consultas. Si yo soy la profesional que está impartiendo el servicio, seré yo y no el paciente el que determine la duración de la consulta y cómo se organice el tratamiento que precisa esa persona. Entiendo que el cliente es desconocedor del método y la técnica psicoanalíticas, que puede comparar con experiencias previas con otros psicólogos o desear contar su vida y milagros como si no hubiera mañana, pero eso no es someterse al tratamiento ni dejar que el psicoanalista te guíe en un proceso que será totalmente personalizado para cada caso. No será el tiempo del reloj ni la ambición del paciente la que determinen la duración de las consultas, sino que será la puntuación de un tiempo otro, el tiempo del inconsciente, el que determine la adecuación de finalizar una sesión para permitir retomar el trabajo en la siguiente. Ahí será siempre el psicoanalista el que diga “continuamos la próxima”.

También se metieron con mi juventud, hace 20 años que si era demasiado joven para trabajar de psicoanalista, ahora que ya tengo canas… Siempre se meten con algo, será, debe ser, que tienen bastantes obstáculos a psicoanalizarse, ¿no les parece? Que es incómodo venir a remover aquello de lo que no he querido saber nunca, que permanezca mudo, en silencio, aunque ocasione síntomas desagradables, desaveniencias laborales, personales, conyugales, manías que parecen de chiste, o peor, enfermedades graves incurables o mortales. Mejor el sórdido silencio, mejor decir que el problema lo tienes que tú a reconocer que hay algo en cada uno que tiene que ser expresado, trabajado, transformado. Pues ni joven ni mayor, no hay excusa que valga,  aquellos que confiaron en mi trabajo y mi posición psicoanalítica siempre han encontrado un espacio para ser escuchados y mejorar su vida. Y el que no quiso por una excusa o por otra, que se haga cargo de las consecuencias.

Guapos o feos, altos o bajos, nos digan lo que nos digan, no importa, hay que seguir adelante, hay que psicoanalizar los obstáculos como censura. Las relaciones son construcciones, no están dadas previamente, es mejor un psicoanalista que ciento volando. Es mejor una consulta pequeña que ninguna. Es mejor decir lo que se te ocurra que creer que eso no sirve para nada, todos hemos pasado por eso en nuestro psicoanálisis, a todos nos ha costado hablar, a todos nos ha costado pagar para que nos interpreten cuáles son los obstáculos que uno mismo se pone para no hacer.

CRÍTICO AL BORDE DEL ARREPENTIMIENTO

Miguel Oscar Menassa (Poemas olvidados)

Si la vida me dejara,
yo sería bueno en todo,
mas la vida no me deja
y mi señora tampoco.

Al perder las esperanzas
fui muy malo en casi todo,
la vida no la viví
y a mi señora tampoco.

Decidí cambiarlo todo,
me compré una bomba atómica
y la estallé en mi garganta:
Criticando, criticando,
algún día ganaría la fama.

Llegué a ser un gran famoso
y hasta dinero ganaba
y al mirarme en el espejo
mi cara no me gustaba.

Parecía un muerto en vida
y odio había en mi mirada.
Nada, nada me gustaba
pero eso me pasaba.

Y así de triunfo en fracaso
y de fracaso en amores,
llegué a contabilizar
mil quinientas destrucciones.

Crítico soy, crítico soy,
y sólo tengo para dar
odio y maldad, odio y maldad.
Y si el mundo me dejara

yo sería bueno en todo
pero el mundo no me deja
y mis patrones tampoco,
crítico soy, crítico soy.

Como dijo Samuel Beckett: “Fracasa otra vez. Fracasa mejor.”

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