LO QUE ME GUSTA. LO QUE ME CONVIENE
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LO QUE ME GUSTA. LO QUE ME CONVIENE
Ver el vídeo donde hablo de este tema en mi canal youtube
Un paso fundamental que nunca es definitivo, es la discriminación entre lo que me gusta, lo que me apetece, de lo que me conviene. Puedo decir que la mayoría de las personas se maneja en lo primero, lo que me gusta, lo que se me da bien, un territorio ya habitado y recorrido, así he escuchado a un empresario decir: “A mí lo que se me da bien es hacer clientes, plantear el proyecto, pero se me da fatal el desarrollo del proyecto, cumplir los plazos y, sobre todo cobrar. Por ejemplo, hace una semana tuve una trifulca con un cliente porque yo no cumplía los plazos acordados, pero el cliente estaba pidiendo más cosas de las acordadas fuera del precio acordado, así que preferí romper con el cliente.”
O también escuché: “A mí lo que me cuesta es cobrar”. Se imaginan, dar el servicio, pero no ocuparse del cobro. Algo está fallando y no se puede dejar pasar.
Así, una vez y otra, yendo por la vida asumiendo que “no se te da bien” algo fundamental en el amor, la salud o el trabajo, es decir, diciendo ya sé que es necesario pero no puedo o no quiero hacerlo. Hago lo que quiero, más o menos nos está diciendo eso. Pero, ¿qué quiere decir, que no piensa cambiar, que asume que no puede de otra manera, que no está dispuesto a hacer el trabajo de hacer las cosas bien, que prefiere fracasar?
Es la interpretación psicoanalítica la que le da un sentido, otro sentido a las cosas. Ya sabemos que cuando hablamos de psicoanálisis nos dirigimos a psicoanalistas o a pacientes en análisis, que no hay procesos inconscientes en aquellos que no se somenten al método de interpretación psicoanalítica, por eso los hechos sólo existen después de interpretados y sólo después sabremos qué sentido tiene eso en el paciente.
LO QUE ME GUSTA / LO QUE ME CONVIENE
Cuando hablo de gustar o de convenir a qué me estoy refiriendo. Básicamente a un proceso totalmente adaptativo, al paso de un proceso primario e infantil a una evolución que tenga en cuenta al sujeto y a la realidad que habita, es decir, ya hay consideración de la realidad, de las relaciones sociales, incluso de la economía.
Lo vemos claro en el ejemplo de un niño. Los niños se manejan desde el “yo quiero”, “me gusta”, “ahora”, es el adulto el que tiene que marcarle al niño el tiempo en el cual puede satisfacer su deseo ya que este puede ser peligroso para el niño que desconoce el peligro y la pertinencia. Aquí entra lo que denominamos principio regulador básico de la energía psíquica, el principio del placer.
PRINCIPIO DEL PLACER
La vida psíquica es regida por el principio del placer y esto es posible de decir debido a que una tendencia del aparato anímico es la de conservar lo mas baja posible o por lo menos constante la cantidad de excitación en él existente. Relacionamos placer y displacer con la cantidad de excitación existente en el estado de ánimo.
Los procesos anímicos están regulados por el principio del placer: un estado de tensión displaciente que emprende una dirección tal que su último resultado coincide con una aminoración de dicha tensión y con un ahorro del displacer. Se corresponde a un aspecto económico del funcionamiento psíquico.
Todo aquello que tiende a elevar la tensión o excitación es antifuncional, es decir, sentido como displacer. El principio del placer tiende a la estabilidad. Sin embargo no podemos decir que el principio del placer ejerza un dominio absoluto sobre el aparato psíquico ya que supondría que todo lo que hagamos o hiciéramos iría acompañado de placer y esto no es así ya que existen numerosas y poderosas fuerzas muy enérgicas que se oponen al principio de placer.
El principio del placer corresponde a un funcionamiento bastante primario del ser humano. Es la acción encaminada al mínimo esfuerzo. Es la tendencia a la pasivización. En alto grado puede llegar a ser hasta peligroso para la autoafirmación del organismo frente a las dificultades del mundo exterior. Si toda nuestra vida estuviera regida por el principio del placer evitaríamos toda situación o cosa que nos genera tensión, novedad, trabajo y, por tanto, no podríamos soportar ningún aprendizaje ni situación novedosa, por lo que evitaríamos el progreso y desarrollo, viviríamos como niños siempre tendiendo a lo inmediato que descarga nuestra tensión, sin mediar consideración de si es posible, conveniente o apropiado.
PRINCIPIO DE REALIDAD
Nuestro aparato psíquico debe evolucionar y evoluciona. Hablamos de la existencia del instinto de conservación del yo y bajo su influjo en el yo queda sustituido el principio del placer por el principio de realidad, que sin abandonar el propósito de una final consecución del placer, exige y logra el aplazamiento de la satisfacción y el renunciamiento a algunas de las posibilidades de alcanzar y nos fuerza a aceptar pacientemente el displacer durante el largo rodeo necesario para llegar al placer. Esto qué quiere decir, que hay una inteligencia superior a la inteligencia consciente, algo en nosotros que nos indica que si nos quedamos en el placer, la alucinación, la descarga inmediata habríamos desaparecido como especie. Que si no tenemos en cuenta la experiencia de satisfacción, es decir la memoria de satisfacciones, las situaciones y condiciones en las cuales hemos hayado satisfacción no lograremos el objetivo en la realidad. Por eso aparece en nosotros el proceso de discriminación entre recuerdo y realidad, aparece el juicio, el aplazamiento de la acción, aparece el principio de realidad, que trabaja para el principio del placer y la descarga de tensiones, que trabaja para nuestra conservación y la satisfacción de nuestras necesidades y deseo, pero que nos enseña a esperar, a tener en cuenta las circunstancias apropiadas para llevar a cabo la acción, que nos enseña el valor del aplazamiento de la satisfacción, como dijo el poeta Miguel Oscar Menassa: El que sabe esperar no necesita hacer concesiones.
Si hago lo que me gusta, pensando en mis gustos, como piensa un niño, como actúa un niño, fracaso muchas veces, en la satisfacción del deseo o en la adaptación social, ahí tenemos la toma de decisiones en las que uno valora si en medio de una clase uno puede satisfacer su apetito alimenticio y no el intelectual, lo que ocasionaría la expulsión inmediata de la clase. O nos quedaríamos en la cama cuando nuestro ánimo somnoliento nos dice un rato más y llegaríamos tarde al trabajo, acabaríamos siendo despedidos si hiciéramos lo que nos da la gana.
LO QUE NOS CONVIENE
Aquí aparece lo que nos conviene. Nos conviene escucharnos a nosotros mismos y escuchar a los demás que nos rodean y que forman parte de nuestra vida, de nuestra organización afectiva. Hacer lo que nos da la gana lleva a la enfermedad y nos impide salvarnos de ella, porque si el paciente hace lo que le da la gana en el tratamiento psicoanalítico o en el tratamiento médico no se va a producir, de ninguna de las maneras la curación. El paciente tiene que aceptar la realidad, las indicaciones del método de curación, debe doblegarse a esa realidad que le dice el que algo quiere algo le cuesta, le cuesta transformarse, usted tiene que dejar de ser ese niño caprichoso que le ha llevado a sufrir como sufre, a perder su negocio, a perder a su marido, a su esposa, a sus hijos. Usted no ha sabido considerar que no está solo.
Somos sujetos eminentemente sociales y eso nos permite disponer de todos los beneficios que tenemos a nuestro alcance: bienestar, cuidados, comodidades ciudadanas… pero a cambio tenemos que renunciar a hacer lo que nos da la gana, a pensarnos en soledad, a dejarnos llevar por la impulsividad, podemos acabar muy mal. Elijamos otra cosa. VIVE MEJOR CON PSICOANÁLISIS.
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