¿QUÉ HACER CUANDO TU PEOR ENEMIGO ERES TÚ?
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¿QUÉ HACER CUANDO TU PEOR ENEMIGO ERES TÚ?
¿Eres tu mayor enemigo?
Hola, hoy quiero plantearte la importancia de ver desde otro punto de vista lo que sentimos o cómo actuamos. Es difícil hacerse responsable de las consecuencias de nuestros actos cuando estas consecuencias las valoramos como negativas o indeseables, cosa que no pasa cuando logramos lo esperado o tenemos éxito. El sobrepeso, el desarrollo de una enfermedad, un accidente, un fracaso amoroso, etc. pueden y tienen mucho que ver con nuestras decisiones, pero sobretodo, con algo que en nosotros mismos se llama «necesidad de castigo». Te cuento más.
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Siempre me gusta acompañarme con la poesía, ella sabe más de nosotros que nosotros mismos.
NINGUNA ESPERANZA, ENRIQUE MOLINA
Quizás te amenazan las flores
Quizás tu enemigo es el viento
El gusto ansioso de una fruta
El volcán negro de tu sexo
Una caricia se remonta
-El mar repite sus historias-
Otra caricia misteriosa
Teje la cuerda del verdugo
¡Oh tentación! ¿Quién te rechaza?
Vendaval de alas y de ruegos
Mezclado al sol de los abrazos
No esperes más que tu deseo
Miremos de frente a la tierra
A los ídolos de la vida
Escuchad ese idioma en llamas
En la boca de la bahía
Amenazado por estrellas
Por cabelleras de ternura
Por el agua mortal que brilla
Cuando unos senos se desnudan
Nadie es capaz de dañarse directamente a sí mismo, si no es por intermedio del otro. Otro que habita en nosotros mismos, somos nuestro mayor enemigo.
La depresión se puede dar el mayor grado de «autolesión» de que el sujeto es capaz: su propia muerte (en el suicidio). Entrecomillamos «autolesión» porque nadie es capaz de dañarse directamente a sí mismo, si no es por intermedio del otro, el suicida mata en él al otro (al objeto perdido, ya que la depresión sobreviene siempre frente a una pérdida de objeto al que se odia por el abandono sufrido). El suicida es, como nos dice Pavese en El oficio de vivir, un «asesino tímido».
Los deseos de muerte sobre el otro (el objeto perdido), siempre inconscientes en el deprimido, generan un sentimiento de culpa, también inconsciente, que se expresa por la necesidad de castigo, en este sentido, la enfermedad orgánica potencialmente mortal, es el castigo que atenúa la culpa. Esto refuerza el incumplimiento terapéutico, cuando además es un enfermo orgánico o está en tratamiento psicoanalítico, ya que para el sujeto es más tolerable la enfermedad que la culpa.
En los procesos neuróticos, una parte de nuestro aparato psíquico, el yo, encargado de mediar entre el superyo, el ello y la realidad, al no aceptar una tendencia inconsciente del Ello, tratando de expulsar, de negar, de que no se realice ese deseo inconsciente, juega a favor del Superyo y la realidad objetiva, en contra del Ello. El Ello al verse reprimido, desplazado, negado hace pasar la energía por lugares donde el Yo no puede controlarla y aparece el síntoma, y ahora el neurótico tiene con su síntoma el mismo problema que tenía con la tendencia sexual inconsciente, es decir lo vive como una cosa extraña a él y toda su ocupación que antes era reprimir el deseo inconsciente, ahora es expulsar de sí el síntoma aparecido como transacción entre el cumplimiento del deseo y su represión, entre el deseo y su renuncia.
El síntoma neurótico es una lucha que se establece entre el Yo (a cargo de la ley, teniendo en cuenta la realidad y el Superyó) en contra de tendencias sexuales incestuosas, inconscientes.
Toda enfermedad es social porque toda la enfermedad es el producto de una desavenencia del Yo frente a la realidad, en todos los casos a pedido del Superyó que le dice que la acepte, o a pedido del Ello que le pide que la rechace.
El lenguaje nos libera, dejarnos llevar por el lenguaje, por los significantes, ser sujetos del lenguaje nos sume en ese juego interminable del decir, de ser después de lo dicho, de ser otros. Cuando el cuerpo está sometido al significante, el significante lo aligera, deja de pesar, de ser pesado, anula esa «pesadez», ese «aburrimiento». Perder la cabeza, en la borrachera, en el amor, en la locura, también aligera el cuerpo, pero a un precio que no todos queremos pagar por ello, puesto que el pago te lleva a un vida sin cuerpo.
M. O. Menassa escribe: «Busco un hombre capaz de volar. Y quiero recordar que la carne no pesa. Viene con el hombre, forma parte del vuelo.»
PARA HABITAR ESTOS NUEVOS INFIERNOS, MIGUEL OSCAR MENASSA
Para habitar estos nuevos
infiernos que poseo
busco
nuevos demonios.
Demonios del olvido
conjurad el milagro:
que no quede en mí
piedra sobre piedra
que sean descifradas
todas mis escrituras.
Que el viento azul
viento otoñal
donde la muerte
prepara sus encuentros
nos devele el singular
misterio de la carne.
Demonios del olvido
que ninguno
sepa toda la verdad.
Cubrid con tempestades
y violencias
el lugar de los hombres
donde la muerte
es sólo una palabra más
muerte
muerte…